miércoles, 4 de julio de 2012

Matar un ruiseñor

(de Harper Lee).

Como corresponde a una flamante clausura de curso, en esta ocasión nos honra con su ilustrada (e ilustradora) pluma nuestra mater fundatrix en persona, nuestra querida Josune. Disfrutad de la reseña.


Matar un ruiseñor (o Matar a un ruiseñor, como gustéis) entró en mi vida cuando yo tenía doce años y empecé a sentir curiosidad por los libros que mi madre leía en la cama y que descansaban durante el día en su mesilla de noche. Era un libro voluminoso, de letra pequeña, tapas duras y título sugerente. Para mí era un libro distinto de los que acostumbraba a leer por entonces los de internados ingleses de mi admirada Enid Blyton, tanto en su aspecto como en las expectativas que en mí despertaba: ese era un libro “de mayores” y yo no tenía ni idea de lo que los libros “de mayores” encerraban, pero estaba decidida a descubrirlo.
La primera parte de la novela me dio confianza pues describía el empeño de tres niños por entretenerse en los largos días del verano, algo que yo comprendía muy bien. La fijación que ellos mostraban con la silenciosa mansión de los Radley y sus misteriosos habitantes se parecía bastante a la obsesión que toda mi pandilla tenía con Pío y Pantxika, el anciano matrimonio que vivía en el caserío más próximo a mi barrio y del que nos inventábamos truculentas historias mientras espiábamos su sosiego en la hora de la siesta. Para mi sorpresa, en los libros “de mayores” cabían las fantasías y aventuras de unos niños, pero estaba claro que esa historia debía contener otros ingredientes que no se hallaban en mis anteriores lecturas. No tardaría en descubrirlos, con asombro y con dolor, porque el caso de Tom Robinson me conmovió como lo hacían algunas circunstancias reales de las que yo tenía noticia y sobre las que, si preguntaba, se me daban pocas y muy escuetas explicaciones. La historia de Tom Robinson era de una injusticia y de una crueldad intolerables. Sin embargo, no estaba todo perdido en aquel lugar ni en el mundo: existían Atticus Finch,  Maudie,  Calpurnia,  Heck Tate y Boo Radley, a quien finalmente Jem y Scout le deben la vida. Sobre todo, existía Atticus Finch. Y ahora, tantos años después, puedo afirmar que mi fijación con esta novela se debe, sin duda, a lo que este personaje representa.
Comentamos varias cosas en torno a él en nuestra tertulia. Alguien afirmó que resultaba inverosímil su perfección, su perfil de una integridad sin fisuras, que tal vez responde a un contexto histórico y social en el que se hacía necesario un “héroe” así. Puede ser. No obstante, también se indicó que su actitud combativa con el racismo imperante en la sociedad sureña estadounidense de aquellos años puede equipararse a otras muchas posiciones necesarias y difíciles de mantener en ámbitos y contextos históricos y sociales muy diversos. Maudie, la atenta vecina de los Finch, les explica a Jem y Scout algo esencial sobre su padre y que guarda estrecha relación con lo que estoy comentando: Quiero deciros sencillamente que en este mundo hay hombres que nacieron para hacer los trabajos desagradables que nos corresponderían a los otros. Vuestro padre es uno de tales hombres. (p. 340)
 En otro momento de la novela, es el propio Atticus quien expone a su hija por qué ha aceptado un caso tan polémico: Este caso, el caso de Tom Robinson, es algo que entra hasta la esencia misma de la conciencia de un hombre… Scout, yo no podría ir a la iglesia y adorar a Dios si no probara de ayudar a aquel hombre. (pp. 168 y 169) Atticus Finch hace, sencillamente, lo que cree que debe hacer para estar en paz consigo mismo y poder seguir siendo un referente para sus hijos. Y eso, hacer lo debido a pesar del riesgo y los inconvenientes que ello le va a suponer, es lo que las buenas gentes de Maycomb necesitan que Atticus haga por ellos. Es el de este personaje un heroísmo de carácter moral y si tanto impacto nos produce es, en mi opinión, porque en la vida de todos aparece alguna vez un acontecimiento así: una realidad extremadamente injusta y la necesidad de que alguien acepte la responsabilidad de hacer lo debido y, asumiendo las consecuencias de su decisión, lo haga.
Desde el punto de vista literario, Matar un ruiseñor me parece una delicia. La composición de la novela resulta impecable. Otra de las cosas que comentamos es la viveza con que la narradora refiere hechos pasados, por lo que en algunos momentos llegamos a pensar que los está contando Scout niña y no adulta, cuando no es así. El mundo de los niños abre y cierra la historia, y enmarca el desgraciado caso de Tom Robinson. El desenlace supone un epílogo de algún modo reparador de la insufrible injusticia que se ha cometido con Tom y que lo conduce a la muerte. Al final muere el verdadero responsable de todas las desgracias ocurridas, y es el sensato sheriff del Condado de Maycomb, Heck Tate, quien formula la versión oficial de que Bob Ewell se cayó sobre su propio cuchillo, de modo que Boo Radley, el silencioso y vigilante “ruiseñor”, pueda seguir viviendo en paz, a salvo del mundo.

También hablamos, cómo no, sobre la espléndida película que Robert Mulligan hizo con esta novela. Por lo visto, fue la propia autora la que eligió a Gregory Peck para el papel de Atticus. Indiscutible acierto. Cabe destacar también que Matar un ruiseñor es la única novela de su autora, Harper Lee. Consiguió el Premio Pulitzer en 1961 y no ha dejado de editarse desde entonces. A mí me sigue pareciendo una novela imprescindible y estoy muy contenta de que al fin haya pasado a formar parte de nuestra tertulia.
Por cierto, en la ya clásica encuesta de fin de curso, la novela más votada fue El abrecartas de Vicente Molina Foix y la tertulia que más gustó, la de La conquista del aire de Belén Gopegui.
¡Felices vacaciones a todos!
                                                                                    Josune

Os recordamos que la próxima obra sobre la que departiremos, allá por septiembre, será la última novela de Luis Leante, Cárceles imaginarias (Alfaguara, 2012). Si todo sale como está previsto, podremos contar con la presencia del propio autor en la tertulia.
Acabamos con una foto de los tertuliantes casi al pleno (faltan figuras señaladas, lo sabemos, pero es lo que tiene el "fugarse" la despedida...)
 


 


viernes, 27 de abril de 2012

La conquista del aire

(de Belén Gopegui)

Hoy estrenamos cronista de lujo: recién llegada del reino de León, nos deleita con su fluida prosa nada menos que nuestra insigne contertulia Josefina. Esperemos que este sea el principio de una larga serie de colaboraciones, tanto suyas como de otros tertuliantes que se animen a darle vidilla a este blog. Aquí tenéis la reseña, recién salida del horno:



            La conquista del aire (Belén Gopegui, 1998) sitúa la trama a mediados de la década de los 90 , en los últimos años del gobierno de Felipe González, y nos cuenta cómo las vidas y los ideales de tres amigos se verán trastocados por algo  tan simple como un préstamo . Carlos Maceda necesita capital para mantener a flote su empresa y pide prestados 8 millones de pesetas a sus amigos, Marta Timoner  y Santiago Álvarez. La historia no es más que eso y la autora no necesitaba - como señalaron algunas contertulias a las que no les gustó demasiado la obra – páginas y páginas de reflexiones sobre lo justo y lo injusto, lo que se debe hacer y lo que no. Un amigo necesita tu ayuda y tú, si puedes, se la prestas y ya está. Punto.
            Pero la historia sí es más que eso. No es un préstamo cualquiera; Marta y Santiago le están prestando dinero a su amigo para ayudarle a mantener un proyecto de vida, unos ideales que se están tambaleando, y eso es lo que significa la empresa de Carlos para estos amigos: es el proyecto de todos ellos, el reducto donde salvaguardar esos ideales; son  gente de izquierdas, convencidos de sus ideas y de su lucha por un mundo mejor, coherentes –o eso creen- en su estilo de vida y en búsqueda constante de la justicia social. Por eso aceptan prestar todos sus ahorros sin dudarlo.
Sin embargo, todo cambia cuando empiezan a plantearse por qué  lo hicieron ¿por voluntad propia?, ¿por obligación? Y es entonces cuando esa búsqueda de la felicidad, esos ideales se dan de bruces con la realidad, con personajes como Manuel Soto, Leticia Tineo o Lucas, que viven esa realidad sin prejuicios; y llega la soledad, el miedo al fracaso, la mala conciencia, las contradicciones, la sensación de estar, no donde han elegido, sino donde han decidido: Elegir… significaba determinar los fines de acuerdo con la razón. Tomar decisiones era sólo escoger entre los deseos de un muestrario concebido por el apetito propio o ajeno, casi siempre ajeno. (página 221).
La vida de cada uno de ellos se trastoca y ese dinero condiciona las decisiones y las elecciones posteriores sin que ellos puedan o quieran ya controlarlo : Tu problema es qué haces con lo que puedes controlar, le dice Sol a Santiago que se va a casar con una “pija”  (así apodamos a la pobre e ingenua Leticia Tineo en la tertulia)  que lo llevará de vacaciones a Bali.
            Y a pesar de todo, los tres amigos organizarán sus vidas con sorprendente facilidad y cada uno encontrará su lugar en el mundo en el sitio más insospechado y del que hubieran renegado dos años atrás: Santiago en una apacible vida burguesa junto a una mujer totalmente diferente a su antigua compañera,  Carlos en su trabajo en una multinacional y Marta en la relación recuperada con Guillermo en la nueva casa que alquirán cerca de un parque.  Las primeras y últimas frases del libro describen, real y metafóricamente, la  evolución vital de los tres amigos: No dormían. Era martes 11 de octubbre de 1994, la noche había caído sobre  Madrid(…), Carlos Maceda, Santiago Álvarez y Marta Timoner se debatían con el insomnio, y 324 páginas después: En la madrugada del 26 de noviembre de 1996, Carlos Maceda, Santiago Álvarez  y Marta Timoner duermen. Sobre su piel cansada, el mundo está ordenado aparentemente. Es la evolución de unos jóvenes, idealistas y soñadores, que siempre estaban en alerta, intentando conquistar el aire que se les escapaba entre los dedos, hacia unos jóvenes ,ya maduros, que diríamos ahora, que han aceptado ya las razones de los otros, las reglas del juego de la realidad en la que viven y esa aceptación les da, por fin, cierta paz.
            Respecto al libro, había opiniones diversas entre los  que llegamos al final de la historia. Es una obra de una estilo bastante original que contiene mucha información y un gran dominio del discurso político y filosófico; todo aderezado ,a veces, con cierto tono poético que obliga a una lectura pausada y concentrada.  A algunos nos gustó el libro, por la historia y por la forma de escribir de su autora; a otra le pareció un rollo, pero le gustó haberlo leído; a otras les parecieron demasiadas páginas para una historia tan simple…
Aún así, creo que a nadie nos dejó indiferente y la tertulia se fue haciendo cada vez más interesante a medida que evocábamos nuestros propios ideales de juventud, las largas conversaciones sobre lo divino y lo humano en la universidad, las reuniones con grupos cristianos, etc. Hay que tener en cuenta que la mayoría de nosotros somos de “la quinta” de los protagonistas y nos veíamos reflejados en muchas situaciones del libro.  Recordamos, con cierta nostalgia,  lo habitual que era entonces hablar y hablar durante horas sobre cualquier tema de índole socio-político-filosófico y nos dimos cuenta cuán diferentes son las inquietudes y aspiraciones de los treintañeros de ahora.
            Y para los que habéis conseguido llegar al final de la reseña aquí os dejo el poema que evocan Sol y Santiago en su último encuentro. En la belleza de los últimos versos sí que estuvimos de acuerdo todos los contertulios.
Mantos de cielo
Si tuviera los mantos bordados del cielo,
tejidos del oro y la plata de la luz,
Los mantos azules, oscuros y negros del cielo
De la noche, de la luz y la media luz
desplegaría los mantos bajo tus pies:
pero siendo pobre no tengo más que mis sueños,
he desplegado mis sueños bajo tus pies
pisa suavemente... porque pisas mis sueños.
Son versos de William Butler Yeats (1865-1939), poeta, prosista y dramaturgo irlandés, Nobel de Literatura de 1923. Son de The Wind Among the Reeds - (El viento entre las cañas) de 1899.                           

Josefina Domínguez



Por cierto, ¿concéis la película que se rodó sobre esta novela (Las razones de mis amigos, de Gerardo Herrero, 2000)? 


La próxima tertulia versará sobre Matar un ruiseñor, de Harper Lee, y se celebrará el próximo 8 de junio.

lunes, 9 de abril de 2012

Hoy, Júpiter

(de Luis Landero)

Cuando las cosas se van postponiendo de un día para otro pasa lo que pasa, que se van olvidando y, cuando te quieres dar cuenta, ha pasado más de un mes y no las has hecho. Eso es lo que ha ocurrido con esta reseña, que se tendría que haber publicado (y redactado, obviamente) a principios de marzo, que fue cuando tuvo lugar la tertulia sobre Hoy, Júpiter, de Luis Landero.

Claro, ahora toca sufrir las consecuencias: ¿quién se acuerda de lo que se habló en esa reunión?

Al paso del tiempo hay que añadir que fue una tertulia especialmente ruidosa, no por los participantes (siempre tan moderados y educados) sino por otros grupos que ocupaban el local y hacían que se cruzaran las conversaciones, las risas… Probablemente nosotros también estaríamos interfiriendo en sus charlas, pero ese es otro asunto.

Quienes ya habían leído el libro anteriormente comentaron un fenómeno curioso, que no recordaban casi nada de la trama cuando volvieron a leerlo por segunda vez. Parece que se debe –según dedujimos- a que realmente no es una novela donde “pasan cosas” que luego puedas recordar claramente, de hecho el argumento se podría resumir en tres o cuatro líneas. Lo que importa es el cómo están contadas esas cosas, el magistral dominio del lenguaje que muestra Landero y en el que todos coincidimos.

La estructura de la obra también mereció alabanzas; las historias de Dámaso y Tomás, paralelas y al mismo tiempo entrelazadas en el tiempo y el espacio, confluyen finalmente y aúnan de una manera muy hábil personajes y escenarios.

Por citar alguna crítica de las que se pronunciaron, los personajes femeninos no parecen salir muy bien parados en la novela, no adquieren la profundidad que tienen los protagonistas o los “secundarios” (el padre de Dámaso, Bernardo): la mujer de Tomás, tan al margen de las inquietudes de su marido (aunque al final se nos revele su secreta pasión), o la madre de Dámaso, que permanece impasible aun sabiendo toda la verdad sobre su familia, o la novia que pasa como de puntillas por la obra…

Comparando Hoy, Júpiter con otras obras del mismo autor (sobre todo con Juegos de la edad tardía) se comentó la predilección que tiene Landero por el tema de la impostura, del aparentar ser quien no se es. En algunas ocasiones, los personajes (como Tomás) fantasean con lo que hubieran querido o podido llegar a ser, porque la vida que llevan les resulta demasiado mediocre para sus auténticas posibilidades. Otras veces (como Dámaso) se maldicen por no ser lo que los demás esperan que sean: su padre tenía tantas expectativas puestas sobre él, que no puede evitar sentirse una verdadera decepción para este. Todos los contertulios coincidimos en lo triste que puede llegar a ser que un hijo advierta que su padre nunca se sentirá orgulloso de él, que hubiera preferido que su hijo fuera de otra manera completamente diferente (algún tertuliano confesó sentirse reconocido en esta durísima situación). Este sentimiento marcará a Dámaso haciéndole sufrir muchísimo y llevándole a odiar a Bernardo, el ojito derecho de su padre. El odio y la venganza se convierten así en la razón de la existencia de Dámaso. Lo inesperado de la trama llega al final, cuando descubrimos que Bernardo también ha pasado un auténtico calvario para satisfacer las expectativas del padre de Dámaso: se ha inventado una vida, casi una identidad nueva, solo para darle gusto, transformándose ante Dámaso y ante el lector de verdugo en víctima. El odio que había sentido Dámaso por él durante toda su vida no tenía ningún sentido. Para algunos tertulianos la resolución es bastante inverosímil, forzada; para otros, un giro magistral que remata con acierto buena novela de un muy buen narrador.

La próxima tertulia, que tendrá lugar el 17 de abril, versará sobre la novela de Belén Gopegui La conquista del aire.

sábado, 14 de enero de 2012

El abrecartas

(de Vicente Molina Foix)

Sra. Doña Setefilla Romero Sanahuja

Calle de Don Eleuterio Maisonnave, 10

Alicante.

Alicante, 14 de enero de 2012

Apreciada Setefilla (o Seta, como sé que le llamaba su familia):

Le remito esta carta a su antigua dirección alicantina en la esperanza de que, tras su jubilación, haya tenido a bien retirarse a estas tierras levantinas rebosantes de sol, de aroma a azahar, de recortes y corrupción. No sé siquiera si el abnegado (y recortado) funcionario de correos que se haga cargo de su entrega identificará la vetusta denominación de la calle en la que antaño vivió con la actual Avenida Maisonnave; confiemos en el buen hacer y recto proceder de tran probo servidor público.

Se preguntará Usted cómo, a sus noventa y pico años, continúa aún recibiendo cartas de desconocidos, máxime en estos tiempos en que el correo electrónico (vulgo “e-mail”) ha desbancado casi por completo a las obsoletas epístolas de papel y tinta. No se alarme, por favor: no se trata de un perturbado que quiera venderle a Usted alguna reliquia y/o prenda íntima de alguno de los ilustres personajes que se cruzaron en su camino.

Paso a exponerle el motivo de mi misiva: me dirijo a Usted, con todo el respeto que me merece, como portavoz de un grupo de lunáticos (en el buen sentido de la palabra, si es que acaso lo tiene) que en sus ratos de ocio se reúnen a hablar de literatura. Por ventura cayó en nuestras manos recientemente una obra de un tal Vicente Molina Foix (al que creo que Usted habrá tenido el gusto de conocer) en la que se encuentran reunidas –o tal vez simplemente imitadas de hábil manera- gran parte de las cartas que Usted cruzó a lo largo de su vida con diferentes personajes de su entorno; el tal Molina Foix también recoge (o imita, insisto) otras muchas epístolas de otros tantos individuos que pulularon por su vida o incidieron en ella de manera directa o indirecta.

Tras una lectura detenida de dicha obra, dedujimos (siempre le hablo de nuestro grupo de lunáticos) que era Usted el hilo conductor de la trama y el tronco común al que se enlazaban de una u otra forma todas las ramificaciones secundarias de ésta (disculpe que acentúe el deíctico –tilde, como sabrá, recientemente abolida por la RAE- en mi afán de remedar aunque sea remotamente su fluida y un tanto arcaizante prosa epistolar).

Seguirle la pista a lo largo de las páginas de esta obra (he omitido decirle que el autor la ha bautizado como El abrecartas) nos llenó de emoción; todos coincidimos en que su historia es la más conmovedora y la que da unidad a la compleja y magistral estructura de la novela; algunos nos atrevimos a aventurar un parecido entre Usted y otras ilustres “epénticas” del mundo de la literatura infantil o de la radio. Cierto es que nos conmovió de igual modo la figura de su primo, el escritor inédito Rafael Sanahuja, así como el retrato que hace en sus cartas de García Lorca. Nos pareció memorable la semblanza de otros tantos personajes reales y conocidos (Vicente Aleixandre, Miguel Hernández…) o no tan conocidos (el cineasta Maenza).

He de confesarle que no todo fueron alabanzas: para serle sincero, le diré que alguna crítica suscitó la dilatada extensión de la obra, así como la inclusión de los informes de Ramiro Fonseca. No obstante, este último punto fue valorado positivamente por otros, que vieron en él una manera idónea de reflejar la otra cara de la moneda, la censura franquista; del mismo modo que Usted, también este individuo nos sirve de hilo conductor, al recabar información sobre casi todos los personajes que danzan por las páginas del libro (hubo incluso quien propuso que el título, El abrecartas, pudiera hacer referencia al tal Fonseca, al tener éste acceso a la correspondencia intercambiada entre unos y otros).

Le diré por último, para no cansarla más con esta carta supongo que tan inesperada para Usted, que nos pareció a la mayoría un relato de lo más acertado de la historia de nuestro país entre la República y la transición, a base de magistrales pinceladas y de retratos de personajes reales y ficticios, célebres y anónimos, combinados con singular pericia.

Reciba Usted en su merecido retiro el más cariñoso saludo de su grupo de admiradores, siempre a su entera disposición.

El Sofá.

P.D.: ¿Es cierto el rumor que corre en los círculos intelectuales de que piensa revivir a Nora, su heroína literaria, en una nueva novela, Nora, la nueva musa de la derecha? Dada su trayectoria vital e ideológica, dudo que sea cierto: más bien se tratará de un bulo malintencionado difundido por los colectivos “antiepénticos” que siempre han intentado oscurecer su figura.

P.P.D.: Permítame recordar a los lunáticos de nuestro círculo que la novela propuesta para la próxima tertulia (probablemente el 1 de marzo) es Hoy, Júpiter, de Luis Landero.

domingo, 11 de diciembre de 2011

Los enamoramientos

(de Javier Marías)

Ha pasado ya un mes desde que nos reunimos a conversar sobre Los enamoramientos, de Javier Marías. Al tener el tiempo en cierto modo limitado a una hora (muchos de nosotros queríamos acudir a la concentración en defensa de la enseñanza pública), parece como si los argumentos a favor y en contra de la novela hubieran de surgir con más rapidez y vehemencia que de costumbre. Y así fue: detractores y defensores se alternaron con agilidad en sus intervenciones, con un resultado que podríamos calificar de “empate técnico”.

A algunos, aunque fieles seguidores de Marías, les pareció la menos lograda de sus novelas; no les convenció a unos el final, a otros el que la protagonista/narradora no se plantee ningún dilema moral sobre si ha de denunciar o no lo que ha descubierto; a pesar del título de la novela, echaron de menos una justificación (o al menos una descripción) del proceso de enamoramiento: se nos ofrecen hechos consumados sin llegar a saber cómo se ha llegado a ese estado.

El estilo tan característico del autor, esa acumulación de subordinadas y de estilo indirecto llevado a su grado más elevado, provocó algunas críticas que llegaron a bautizarlo como “conjuntivitis” (Mª Ángeles dixit) por su excesivo uso de conjunciones en determinados pasajes.

Otros, por el contrario, vieron en ese ir y venir sobre una misma idea un fiel reflejo del estado obsesivo que nos provoca en ocasiones el amor: cuando alguien se enamora duda continuamente, le da vueltas al mismo pensamiento una y otra vez, no sabe si actuar de una manera o de otra… Sí que se plantearía, entonces, la protagonista el dilema moral, pero acaba resolviéndolo a favor de Javier, no sabemos si por los rescoldos de ese amor que le ha profesado o por albergar todavía dudas sobre su culpabilidad (in dubio pro reo).

Hubo quien apuntó que lo que el autor ha intentado es alejarse conscientemente de todos los patrones de las novelas románticas y policíacas que llenan las estanterías de novedades en las librerías. Así, Los Enamoramientos no quiere ser una novela de amor, porque a Marías no le interesa contarnos cómo se ha llegado al estado de enamoramiento ni describirnos sus causas y consecuencias; y no quiere ser tampoco una novela policiaca, pues aunque podría haber ahondado en la investigación del crimen y derivar la obra hacia esos derroteros no lo hace, consciente de que han sido muchos los que ya lo han hecho anteriormente. Lo que pretende ser (y para la mayoría, lo consigue) es una emocionante y profunda reflexión sobre todo lo que rodea a ese amor y a ese crimen: una cantidad enorme de temas que son desbrozados con una gran capacidad de análisis y que dejan para la memoria reflexiones bellas y certeras sobre la amistad, la envidia, la muerte, el olvido, la impunidad, la manipulación, la complicidad, etc.

También se valoró positivamente la técnica de incluir la crítica literaria dentro de la literatura: la aparición explícita de las fuentes del relato se va entretejiendo con la trama principal y va creando paralelismos entre ambas, con el tema recurrente de la muerte y sobre todo de la imposibilidad –o más bien la poca conveniencia- de regresar de esta. Así, aparecen como integrados en la novela los personajes de Balzac, Shakespeare y Dumas, y son ellos los que parecen explicar las causas de los comportamientos de María, Luisa o Javier. Incluso se utiliza una fuente lexicográfica, la curiosa definición de la palabra “envidia” en el famoso diccionario de Covarrubias, para hacer que lector dude seriamente de la inocencia de Javier, ya que en la propia definición de la palabra se nos advierte que la envidia suele anidar precisamente en el alma de los mejores amigos.

Ya veis lo que nos cundió una sola hora de tertulia: imaginaos si no llegamos a tener límite de tiempo (algunos habrían reescrito la novela, seguro).


El libro propuesto para la próxima tertulia (la primera semana a la vuelta de vacaciones de Navidad) es El abrecartas, de Vicente Molina Foix (editorial Anagrama).

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Enamorados sí, pero puntuales

Mañana jueves 10 nos reuniremos en Fresas y Chocolate a las 18:00 para charlar sobre Los enamoramientos, de Javier Marías.
Como a las 19:00 hay una concentración por la enseñanza pública (a la que seguramente muchos querremos asistir), la tertulia empezará PUNTUALMENTE a las 18:00, por lo que sería conveniente que acudiésemos unos 10 o 15 minutos antes a la cafetería para los saludos y besos de rigor. Avisados quedamos, ¿de acuerdo?

domingo, 9 de octubre de 2011

Un dulce par de senos

(de Giuseppina Torregrossa)

RESEÑA DE SOCORRO:

Receta

Ingredientes:

  • Sicilia y sus tópicos.
  • Historias de familias.
  • Un poco de repostería.
  • Vidas de santos. Santa Ágata.
  • Tensas relaciones entre hombres y mujeres.
  • Sexo.
  • Pechos en abundancia.

Preparación:

Mezclar y agitar bien todos los ingredientes hasta que formen una masa sin cuajar, dividir luego en tres partes iguales y listo.

Consumir preferentemente en verano y estando de buen humor. En otras circunstancias podría resultar fatal.

Es una pena, pero este podría ser el resumen de nuestras impresiones sobre la novela de Giuseppina Torregrosa Un dulce par de senos.

Como los “ingredientes” son atractivos, todos empezamos a leer la novela con ánimo y esperanzados y la primera parte, en la que la narradora Agatina nos cuenta la historia de su familia paterna, desde sus bisabuelos, en un pueblo de Catania, a sus abuelos Ágata y Sebastiano, ya en Palermo, sus tíos, su padre… esta primera parte, digo, sin llegar al entusiasmo, no nos disgustó (aunque algún contertulio ni siquiera tuvo compasión con el principio), tal vez porque ya es en sí misma una pequeña novela. Tres son los temas de los que habla la autora y que ya aparecen en esta parte:

  • El escenario. Sicilia: Catania, Palermo, mercados, barrios, olores, colores, el mar, flores, cocina… la familia, la mafia, la religión...
  • El contexto social: la falta de consideración a la mujer casi “institucionalizada” en la isla que se deja ver en las herencias (el mayorazgo), el matrimonio (“traspaso de propiedad”, la dote), el maltrato físico.
  • El tema fundamental: las mujeres. Sus inseguridades, su dependencia del hombre, su vulnerabilidad ante la enfermedad, su miedo a perder el atractivo físico, a ser rechazadas, sustituidas o abandonadas por el hombre

El problema es que tras la primera parte no aparece la palabra “fin” y la segunda parte no es más que una repetición de los temas anteriores pero cambiando el escenario (nos vamos a un pueblo entre Palermo y Agrigento) y los personajes. Nos cuenta ahora Agatina la historia de su familia materna, desde su bisabuela Doña Assunta a sus abuelos Alfonso y Margherita (“la mujer del misterio” que nunca se aclara), sus tías Titina y Nellina, la criada Ninetta. Los hombres siguen humillando y maltratando a las mujeres, cuyo máximo deseo es casarse como sea y tener hijos, y las mujeres siguen enfermando y perdiendo sus pechos. Es como si la autora quisiera resaltar la importancia de estos temas (cáncer de mama, el machismo…) repitiendo una y otra vez los mismos esquemas de la primera parte pero de forma cada vez más exagerada. Es posible que la verosimilitud no fuera uno de sus objetivos (así al menos lo esperamos), pero este recurso de la repetición y la exageración desde luego no ayudan a que nos creamos lo que nos cuenta, más bien todo lo contrario.

Y si la novela hubiese terminado aquí, nos habríamos quedado un poco perplejos, es cierto, pero contando con la inestimable ayuda del verano y la buena disposición que siempre tenemos en época vacacional, nos habríamos olvidado pronto del libro y hasta incluso podríamos haber tenido alguna palabra simpática para él y su autora. Pero no fue así, y a la segunda parte le siguió una tercera ya absolutamente desmesurada y fuera de control. Agatina, tras estudiar medicina en Roma y comenzar a ejercer como ginecóloga, siente nostalgia y regresa a Palermo. Su padre ha fallecido y las relaciones con su madre (un tema que la autora no acaba de resolver) y sus hermanos no son buenas. Alquila la antigua casa de su añorada abuela Ágata, el personaje más logrado de la novela, y se enamora del dueño del edificio, Santino Abbasta, un mafiosillo “consorte” de poca monta. Y aquí empieza el desastre total, no solamente para Agatina, humillada y maltratada “con gusto” por Santino, sino también para nosotros, los lectores, que asistimos con estupor a algo que no tiene ningún sentido, raya con lo cómico (sin pretenderlo), con lo grosero y hace que nuestro buen humor inicial se transforme en enfado monumental, porque a los lectores nos gusta que nos tomen en serio. Siguen las repeticiones anteriores y, por supuesto, Agatina enferma y pierde, como su bisabuela y sus tías, un pecho. Y tras una serie de aventuras empresariales y amorosas que había que colocar con prisa en algún sitio, Agatina da a luz a un niño al que, como homenaje al hombre que acabó con su dignidad decide llamar Santino. Y esta vez sí, aparece la palabra fin.

Desde el punto de vista literario, la novela hace aguas por muchas partes y la tertulia no fue compasiva con ella: precipitación, las coordenadas del tiempo no aparecen claras, temas apuntados que no sabe concluir, poca eficacia del recurso, para nada ya novedoso, de mezclar literatura y cocina… Pero posiblemente una de las cosas que más nos llamó la atención es la dureza con la que se refiere a los resultados de la amputación de un pecho (“agujero”, “cráter”, mujer “mal hecha”) y la insensibilidad y el egoísmo con la que los hombres de la novela se enfrentan, sin enfrentarse, a esta enfermedad. Y es en este punto donde nos olvidamos del libro y empezamos a hablar de la vida, de cómo la pérdida de un pecho puede resultar traumática para algunas mujeres por diferentes motivos (estética, placer, autoestima) mientras que otras pueden vivir esta situación con cierta normalidad, hablamos de ese miedo latente que sentimos las mujeres antes de una consulta ginecológica, del miedo a la muerte, de la actitud de los hombres, afortunadamente muy lejos de todos los Santinos Abbasta del planeta, de los avances de la medicina, hablamos hasta de cine y televisión, y una vez más la tertulia mejoró la novela.

Y si, como dijo Virgilio, “Audaces Fortuna iuvat”, debo ser yo una persona muy “afortunada” por haber tenido la audacia, la osadía de proponeros como primera lectura del curso esta novela. ¡No me lo tengáis en cuenta! Y gracias, Josune, por tus palabras, tan animosas y tan ciertas: “Tranquila, Soco, hay que leer de todo”.

Nuestra próxima cita será con Los enamoramientos, de Javier Marías, el 3 de Noviembre. ¡Hay que darse prisa!