miércoles, 9 de julio de 2014
domingo, 25 de mayo de 2014
En la carretera
(de Jack Kerouac)
Repetimos cronista de excepción. Jesús vuelve a ilustrarnos con sus sabias palabras para contarnos sus impresiones sobre la obra en cuestión y la tertulia. Aquí está (no pongo ni quito ni una coma):
Repetimos cronista de excepción. Jesús vuelve a ilustrarnos con sus sabias palabras para contarnos sus impresiones sobre la obra en cuestión y la tertulia. Aquí está (no pongo ni quito ni una coma):
ON THE ROAD (EN LA CARRETERA/ EN EL CAMINO) JACK KEROUAC
¡Atención, amable lector! Antes de continuar, debes saber dónde te metes. Lo que sigue se divide en tres apartados: el primero delinea el entorno extraliterario en que se escribió la novela; el segundo, más extenso, y que puede no interesarte, es un descarado y parcial resumen del libro, en plan “reader digest"; y el tercero da cuenta somera de la tertulia y añade algo más de cosecha propia. Estás avisado.
1.- COMO A MODO DE CONTEXTO:
Esta novela, la segunda de Kerouac, está escrita en los años de posguerra, en un Estados Unidos convertido en la gran potencia occidental del mundo capitalista y el país más rico de la tierra, que se disputa el dominio del planeta con el bloque soviético. Pero no todo es allí de color de rosa. Al lado del lujo y la abundancia, en todas las ciudades existen amplias zonas y barrios de gente sin ninguna formación, parados o con salarios muy bajos, que viven en la calle, en la miseria y la inseguridad; por otro lado, hay una arraigada discriminación racial contra negros e hispanos. Mucha gente, pues, ha quedado descolgada del sistema, masas urbanas pululan por las grandes ciudades en busca de trabajo y diversión, y numerosos jóvenes vagan sin rumbo fijo por las carreteras del país. Entre esas gentes marginadas, o quienes, al menos temporalmente, optaban por la autoexclusión, se encontraba la denominada generación beat, de la que On the Road hace un reconocido retrato. Los integrantes de este grupo llevaban una vida idealista y bohemia, con el telón de fondo del jazz, la poesía y las drogas. El protagonista de On the Road, Dean Moriarty, es, de hecho, el trasunto de Neal Cassady, el hipster que en la realidad se convirtió en héroe de todos los beat. Los hipsters eran aficionados al jazz de los cuarenta que adoptaron el estilo de los negros urbanos, tanto en su manera de vestir -con sandalias y ropas harapientas-, como en su jerga, su actitud relajada, su humor sarcástico, una pobreza autoimpuesta y laxos códigos sexuales. Frente a ellos, los beats, representados aquí por Sal Paradise, el narrador y alter ego de Kerouac, pertenecían a clases medias y superiores, y llevaban un estilo arreglado que los diferenciaba y enfrentaba claramente a los anteriores como clase social. Ambos grupos acabarían diluyéndose en los movimientos contraculturales de la segunda mitad de los sesenta.
2.-ALGUNOS RETAZOS DE LO QUE EN EL LIBRO SE CUENTA:
Kerouac escribió la novela de un tirón, en tres semanas de inspiración creadora, tras varios años de apuntes y sedimentación. El “rollo”, como él lo denominaba, no tenía los capítulos y apartados que ahora aparecen, y da cuenta sin más de lo que le sucede, lo que recuerda y lo que se le ocurre a Sal Paradise en el tiempo en que conoció y trabó amistad con Dean Moriarty.
Prólogo
La novela comienza presentando a Dean. De padre borracho y sin madre, era un tipo que había tenido mala suerte en la vida. Tras una dura infancia, siempre tratando de sobrevivir y de sacar a su padre de la cárcel, se había convertido en un presunto delincuente, que sólo lo era porque quería vivir intensamente y conocer gente que de otra manera no le habría hecho caso. En el Oeste se había pasado su vida a partes iguales entre los billares, la cárcel y las bibliotecas públicas. Pero para Sal, Dean estaba entre esos locos que constituían las únicas personas que le interesaban, diametralmente opuestos a todos sus amigos decadentes, que siempre estaban en plan de combate contra la sociedad, con sus motivos librescos, políticos o psicoanalíticos. Él se limitaba a vivir, y la forma en que lo hace es la que atrae a Sal a su lado una y otra vez, a pesar de haberlo dejado tirado en varias ocasiones y de su proceder errático y descontrolado. Si hay partes diferenciadas en la narración, son los cuatro viajes que emprende Sal entre 1947 y 1950.
Primer viaje
En julio de 1947 Sal inicia su soñado viaje a California. Y nos va contando todo lo que ve. En la noche de Chicago asiste a la explosión de la música del bop, que suena sin cesar por todas partes. Cuando pasa por Cheyenne asiste a la ridícula fiesta del salvaje Oeste, y también allí experimenta su primera visión de las míticas Montañas Rocosas. Llega después a Dénver, donde están sus amigos, y se encuentra con que hay una guerra con matiz social entre ellos, que los separa en dos grupos que no se tratan, los “beat” de clases medias o más o menos instruidos como él mismo, y el par de desgraciados “hipsters”, como Carlo Marx (¡curioso nombre!) y el mismo Dean, que, en el tiempo que les dejan sus otras relaciones, y a lo largo de horas nocturnas animadas por la bencedrina, ensayan cómo comunicarse honrada y totalmente. Sal nos cuenta después la excursión que hacen todos ellos a Central City, la antigua ciudad minera a 3.000 metros de altura, ahora reconvertida en atracción turística de famosos, y el desmadre nocturno de las diversas categorías sociales que allí se dan cita. Después de esto, camino de San Francisco, Sal acude a la cita que tenía para irse en barco por el mundo con Remi Boncoeur, otra víctima del pasado que siempre está pensando en robar para recuperar el mal que la sociedad le ha hecho desde que su padrastro lo internara de pequeño para deshacerse de él. “No puedes enseñar al viejo profesor una nueva canción” es el lema particular de Remi en la vida. Las cosas se tuercen una vez tras otra, y Sal se larga a Los Ángeles, donde conocerá a Teresa/Terry, la mexicana a la que más tarde dejará con tristeza porque “aquello no era vida”. De vuelta a casa, tras 13.000 km., un viejo vagabundo perdido por el río Susquehanna le hace ver que también hay soledad en el Este. Finalmente llega a Nueva York en plena hora punta. Lo que ve son “millones de personas esforzándose por sacarles un dólar a los demás, el sueño enloquecido”. Y así acaba este primer viaje.
Segundo viaje
Tras más de un año sin verse, Dean se presenta de golpe con dos amigos en casa de la familia de Sal, reunida en Testament en las navidades de 1948. La locura de Dean ha florecido de modo tremendo; lo mismo se enfurece con lo que odia, que se ilumina su rostro de alegría. Ahora se ha vuelto místico; cree en Dios, una extraña y harapienta santidad. Deciden viajar otra vez al Oeste, pero antes se sumergen en el desenfreno de la noche neoyorquina, la marihuana, la locura. Sal siente que todo se va al traste porque le gustan demasiadas cosas y ahí no entra la novia que ahora tiene. Ya en la carretera, ahora hacia el Sur camino de Nueva Orleans, el moverse disipa los sinsentidos, los ahora cuatro viajeros se sienten bien, y a instancias de Dean tratan de no preocuparse por nada. Llegan a casa de Bull Lee, un viejo amigo que ha viajado por todo el mundo y que ahora está colgado de las drogas como su mujer. Bull les pregunta para qué van de viaje, y se dan cuenta de que no saben nada de sí mismos. Más adelante contactan con un escritor amigo de Sal con la intención de que les dé unos dólares para gasolina, y ven que es otro que se siente solo y no sabe adónde ir. Llegados a Frisco, Dean los deja tirados sin blanca y se va a sus asuntos. Aparece días después para rescatar a su amigo hambriento, lo lleva a su casa a reponerse, y una vez más se sumergen en la fiesta nocturna. Allí conocen a varios músicos negros hastiados de la vida, y es que “en Frisco todo se la sudaba a todo el mundo”. Sal recibe su cheque de veterano y quiere ya marcharse, también harto de ir de aquí para allá sin saber lo que quiere y con malos rollos con los otros. “Todos pensábamos que no nos volveríamos a ver y no nos importaba”. Así vuelve a parecerse al primero el final de este segundo viaje.
Tercer viaje
En la primavera de 1949 Sal se va a Dénver con idea de establecerse allí. Pero no encuentra a ninguno de sus amigos, se siente solo y acaba “quemando sus naves” y yendo a llamar a la puerta de Dean en San Francisco. A Dean no le va nada bien allí, ni de salud ni con su pareja actual, y las chicas de sus amigos le critican por irresponsable. Los antiguos discípulos se habían casado y ahora sus mujeres cargaban contra el culpable. Pero, para Dean, “amargura, consejos, moralidad, tristeza… todo eso quedaba a sus espaldas y ante él se abría la desnuda y estática alegría de la pura existencia”. Sal le defiende diciendo que Dean posee el secreto que todos ellos se esfuerzan en buscar y tiene la mente completamente abierta; pero las chicas tampoco le hacen caso. En vista de eso, le propone a Dean irse juntos a Nueva York con sus ahorros, e incluso marcharse a Italia con lo que saque de su libro cuando se lo publiquen. Ya tomada la decisión, y como siempre, lo primero que hacen es irse de fiesta por Frisco. Otra vez en la noche loca, un saxofonista negro toca como si fuera el mismo Dean, expresando con burla y desprecio su sensación de vivir. “Los negros, almas gemelas también cansadas del mundo…” Sal no quiere ahora irse de la que siente la ciudad más excitante de América: “Con el frenético Dean corría por el mundo sin oportunidad de verlo”. Pero finalmente se ponen de viaje, y entonces hablan del sentido del tiempo y de cómo le preocupa a la gente, que para no enfrentarlo de cara se inventan falsas urgencias con las que preocuparse, y así acaban sin vivir la vida que pasa a su lado y, al darse cuenta, siguen siendo infelices, porque no se enfrentan de cara a la verdad.
En Dénver, un primo mayor al que Dean acude para conocer algo sobre su padre le contesta que no quieren saber nada de ninguno de ellos dos. Como en anunciada concatenación, esa noche Dean roba varios coches, el último de la policía, con lo que tienen que salir corriendo al día siguiente de madrugada. Un cadillac del 47 necesita conductor que lo lleve a Chicago, y allá van haciendo locuras, aprovechando hasta la útima noche para salir, escuchar el omnipresente bop, devolver el maltratado coche y largarse a toda prisa. En Detroit pasan la noche en un cine de sesión continua hasta que los echan por la mañana. Ya en Nueva York, Dean se prenda de otra chica y la deja embarazada. De nuevo, todo son problemas, y éxtasis y agitación y anfetas, como siempre. Y así acaba el viaje. “Total, no fuimos a Italia”.
Cuarto viaje
Con la primavera de 1950, Sal siente la llamada de la tierra a salir otra vez. Deja a Dean -que ahora trabaja en un aparcamiento, manda dinero a sus hijas y está más tranquilo-, y se va a Dénver, donde vuelven a estar todos sus amigos. Y se siente a gusto: “Estaba pasándolo maravillosamente bien y el mundo entero se abría ante mí porque no tenía sueños”. Cuando planea viajar a México con un amigo que acaba de conocer, se entera de que Dean se ha comprado un coche y va para allá, otra vez enloquecido: “Era como la llegada inminente de Gargantúa; había que hacer preparativos para ampliar las alcantarillas de Dénver y reducir el alcance de ciertas leyes con el fin de que todo se adaptara a su cuerpo doliente y a sus explosivos éxtasis”.
Y se ponen otra vez en la carretera, esta vez en el viaje más alucinante de los que han hecho. Pasada la frontera, en Mexico la gente se queda mirando a esos tres jóvenes americanos barbudos y harapientos, tan distintos de los turistas habituales. Suben más tarde hasta “las tierras de los indios del mundo, esa raza esencial básica de la humanidad primitiva y doliente que se extiende a lo largo del vientre ecuatorial del planeta”. Por allí fuman marihuena con algunos mexicanos, sintiéndose unidos aunque no se entiendan; luego les llevan a una casa de putas, donde atruenan los altavoces con mambos de Pérez Prado y se desmadran durante horas. Y siguen su viaje, ahora por unas alucinantes tierras de México, hasta que finalmente llegan a la gran ciudad abigarrada. “Todo México era un campamento de gitanos que no deja de moverse toda la noche”. Allí Sal coge una disentería y Dean se va. Y así acaba el último viaje que ambos compartirán.
Epílogo
En México Dean se divorció de su última mujer para casarse con la novia de Nueva York, tras lo cual la deja para ir a ver a su exmujer y sus hijas en San Francisco. Por su parte, Sal encuentra a la chica de su vida. La última vez que Dean y Sal se ven los deja a ambos desalentados. El amigo de Sal, Remi Boncoeur, ahora casado y rico, invita a Sal y su novia a la ópera. Aparece Dean, pero Remi no le permite subir al lujoso coche, con lo que desaparece alejándose por la calle. Y de esta forma se despide Sal de Dean, que sólo había ido a Nueva York a verlo a él. “Así que en esta América… inmensidad en la que nadie sabe lo que le va a pasar a nadie, excepto que todos seguirán desamparados y haciéndose viejos… pienso en Dean Moriarty, y hasta pienso en el viejo Dean Moriarty, ese padre al que nunca encontramos. Sí, pienso en Dean Moriarty”.
Se cierra el círculo, y el libro acaba como empezó, como un homenaje del autor al amigo admirado.
3.- ACERCA DE LA TERTULIA Y OTRAS REFLEXIONES
He aquí otro libro que “se atravesó” a buena parte de los sufridos tertulianos a la hora de leerlo. Por más que se defina como “prosa espontánea” que trata de reflejar el estilo frenético e improvisado del be bop, el ubicuo jazz del momento, la historia se asemejaba, para muchos esforzados tertuliantes, a una tediosa narración de las cosas que les pasan a los protagonistas, con numerosas repeticiones de parecido pelaje que no diferencian un viaje de los otros, y sin esa tensión expectante que toda novela intenta mantener, a fin de atrapar al lector hasta el desenlace final de la trama. Aquí, sin embargo, no se atisbaba una historia que avanza y se desenvuelve, sino que toda ella parecía plana y sin altibajos, gris y monótona un viaje tras otro. Si acaso, hubo coincidencia en que hay unas cuantas frases hermosas esparcidas a lo largo de la novela (sugerencia: tal vez los tertulianos “internéticamente” activos podrían introducir sus particulares “perlas” en los comentarios, a fin de completar, corregir y aumentar lo que aquí no se ha recogido).
Pero no todo fueron críticas, así que la tertulia cobró vida con el repaso de los aspectos más llamativos de la novela para quienes la acabaron de leer y se engancharon. En este caso, se trataría de una historia escrita al modo en que viven, sienten, se mueven y hablan sus protagonistas, que pasan sin solución de continuidad por el éxtasis propiciado por las drogas, la depresión subsiguiente, los problemas de pareja o relacionales, la emoción de verse otra vez en la carretera huyendo hacia adelante, los sentimientos hipnóticos facilitados por la música en la que se sumergen, las raterías con las que consiguen dinero y comida para seguir el viaje, la persecución de nuevas experiencias alucinantes o la búsqueda inquieta de la comunicación total y auténtica. A su modo, y con todas sus limitaciones, el personaje de Dean representa a un ser humano desgraciado que busca desesperadamente la felicidad desde la difícil situación personal que le ha deparado la vida, y trata a ciegas de encontrar un hueco para él, en medio de un mundo despiadado que no le da facilidades y le ha objetivizado como vago y delincuente. La admiración que Sal siente por él da, si cabe, una mayor dimensión a la autenticidad de Dean. Visto desde la perspectiva de su amigo, Dean se ha acercado más a las entrañas de lo que es vivir, a una vida de verdad que no se encuentra entre las personas que mayoritariamente siguen la estela de la organización de la vida en su poderoso país. El libro es también un quejido de soledad, la de Sal y la de Dean, que no se sienten bien si no están arropados por sus amigos, porque no perciben que nadie más se preocupe por ellos ni los cuide. Y a partir de ellos, la soledad y la tristeza de vivir se convierte, tal vez, en el denominador común de gran número de los personajes que aparecen por el libro, perdidos y sin saber adónde ir ni qué hacer de su vida. De alguna manera, el título, En la carretera, representaría tanto el tópico simbólico desde el que dar cuenta de la historia, como también la sensación de estar perdidos yendo de un sitio a otro, en la confusión y la inquietud con que recorremos el camino de nuestras vidas. ¿Otra historia más sobre el viaje de la vida, otra versión de la Odisea? Bueno, la verdad es que eso ya es cosa de cada cual.
Lo cierto es que la tertulia, una vez más, volvió a dejar buen sabor a sus fieles asistentes.
Gracias por tus palabras, que como siempre nos dan una nueva luz sobre lo que hemos leído y conversado.
El libro de la próxima tertulia será Y las montañas hablaron, de Khaled Hosseini. Probablemente nos reuniremos la primera semana de julio, aunque ya se os avisará con antelación de la fecha exacta.
sábado, 29 de marzo de 2014
El héroe discreto
(de Mario Vargas Llosa)
La obra contiene dos tramas esenciales cuyo interés
se mantiene de principio a fin y que acaban confluyendo en el desenlace. Por un
lado, la historia de Felícito Yanaqué,
dueño de una solvente empresa, Transportes
Narihualá, y resuelto a no satisfacer las exigencias de sus chantajistas,
en cumplimiento del legado moral que le dejó su padre: «un hombre no se debe dejar pisotear por nadie en esta vida». Por
otro, el asunto del matrimonio de Ismael
Carrera con su sirvienta, hecho en el que se verá muy implicado Rigoberto, su hombre de confianza e
íntimo amigo, quien se halla a las puertas de su jubilación anticipada. En
ambas historias adquieren gran protagonismo los respectivos hijos de Felícito e Ismael, de modo que se podría afirmar que, en buena medida, la
novela aborda el siempre jugoso y conflictivo tema de las relaciones
paternofiliales.
Hubo bastante acuerdo en la valoración del interés
con que se sigue la novela, la perfección con que está construida (cabe citar
esos diálogos prodigiosos en que se superponen varias conversaciones sin crear
confusión, o las destrezas narrativo-amatorias de Lucrecia), y la esplendidez del estilo, verdadero derroche de
riqueza léxica, musicalidad y dulzura. Posiblemente no se trata de una de sus
grandes historias pero supera ampliamente la calificación de obra menor, pues
aborda temas de calado desde una asombrosa frescura e inteligente liviandad, mediante
personajes muy bien dibujados sin necesidad de cargar las tintas en lo
descriptivo.
Pasamos un buen rato, como siempre, y, si no conté
mal, ya son cincuenta los ratos que llevamos pasados hablando de libros en estos ocho años que comenzaron en la
primavera de 2006, concretamente un 22 de marzo. Así que no solo Vargas Llosa tenía motivos de
celebración ayer. Nosotros también. Y que cumplamos todos, don Mario y nuestra tertulia, muchos más…
La próxima tertulia la celebraremos, si no hay cambios, el 8 de mayo. Hablaremos sobre la novela de Jack Kerouac En la carretera (en algunas ediciones traducida como En el camino).
Hasta entonces, pues. Disfrutad con la lectura, ¡che gua!
Nuestra tertulia se viste de gala para un doble aniversario que se os explica en la reseña que sigue; y quién mejor que nuestra mater fundatrix Josune para redactarla con su siempre ágil e inspirada prosa. Una cronista de lujo para un lujo de aniversario. Que la disfrutéis.
"Ayer, 28 de marzo, Mario Vargas Llosa cumplió 78 años y nosotros lo celebramos
hablando sobre su última novela, El héroe discreto, que gustó mucho a
la mayoría.
La obra contiene dos tramas esenciales cuyo interés
se mantiene de principio a fin y que acaban confluyendo en el desenlace. Por un
lado, la historia de Felícito Yanaqué,
dueño de una solvente empresa, Transportes
Narihualá, y resuelto a no satisfacer las exigencias de sus chantajistas,
en cumplimiento del legado moral que le dejó su padre: «un hombre no se debe dejar pisotear por nadie en esta vida». Por
otro, el asunto del matrimonio de Ismael
Carrera con su sirvienta, hecho en el que se verá muy implicado Rigoberto, su hombre de confianza e
íntimo amigo, quien se halla a las puertas de su jubilación anticipada. En
ambas historias adquieren gran protagonismo los respectivos hijos de Felícito e Ismael, de modo que se podría afirmar que, en buena medida, la
novela aborda el siempre jugoso y conflictivo tema de las relaciones
paternofiliales.
Junto a estas dos líneas argumentales se debe
mencionar una tercera, la que trastorna a Rigoberto
y a su esposa, Lucrecia, y que
procede del inefable Fonchito, hijo
del primer matrimonio de Rigoberto,
quien les narra sus encuentros con un tal Edilberto
Torres, al cual nadie más que él ve. En esas conversaciones que el
adolescente mantiene con el misterioso personaje se plasman las inquietudes de
índole religiosa, espiritual o un tanto filosófica que parecen preocupar al muchacho y a través
de cuyo relato también vamos conociendo detalles del pasado y de la
personalidad de Rigoberto. Y así, la
historia que de entrada se presenta como un delirio del imaginativo Fonchito y que constituye el escape de
los conflictos abiertos en las otras dos, no se desvía del núcleo temático en
que se sostiene la novela, el de la relación padre/hijo.
Es preciso mencionar lo que la obra tiene de
homenaje al propio universo narrativo del autor, dada la presencia en ella de
personajes de otras novelas suyas: además de Rigoberto y familia, los policías encargados de la investigación
del chantaje a Felícito Yanaqué, el
capitán Silva y el sargento Lituma. También, una vez más, la acción
transcurre en Perú, entre Piura y Lima, en la actualidad de un país que se nos perfila emergente en
cuanto a la actividad económica y empresarial pero con los contrastes de
siempre en lo referido al aspecto social. Alguien subrayó el machismo imperante
en los comportamientos de los personajes masculinos así como la actitud servil
de casi todas las mujeres. En coherencia con ese planteamiento de mezclar esta
ficción con otras anteriores se podría valorar el asunto de Fonchito y su “invisible visitador”
como una de las dos piezas que representan en esta obra el Realismo mágico. La otra sería el personaje de Adelaida con sus premoniciones.
Hubo bastante acuerdo en la valoración del interés
con que se sigue la novela, la perfección con que está construida (cabe citar
esos diálogos prodigiosos en que se superponen varias conversaciones sin crear
confusión, o las destrezas narrativo-amatorias de Lucrecia), y la esplendidez del estilo, verdadero derroche de
riqueza léxica, musicalidad y dulzura. Posiblemente no se trata de una de sus
grandes historias pero supera ampliamente la calificación de obra menor, pues
aborda temas de calado desde una asombrosa frescura e inteligente liviandad, mediante
personajes muy bien dibujados sin necesidad de cargar las tintas en lo
descriptivo.
El debate surgió sobre todo al enjuiciar el
comportamiento de Felícito hacia Miguel, una vez que obtiene la
confirmación de que no es su hijo ―la importancia de la sangre, los matices de
la rectitud moral con que supuestamente se conduce…— y al interpretar el final,
claro para unos y ambiguo, y por lo tanto, abierto, para otros.
Pasamos un buen rato, como siempre, y, si no conté
mal, ya son cincuenta los ratos que llevamos pasados hablando de libros en estos ocho años que comenzaron en la
primavera de 2006, concretamente un 22 de marzo. Así que no solo Vargas Llosa tenía motivos de
celebración ayer. Nosotros también. Y que cumplamos todos, don Mario y nuestra tertulia, muchos más…
Josune
jueves, 13 de marzo de 2014
Estupor y temblores
(de Amélie Nothomb)


Es difícil reseñar lo que se dijo en la última tertulia cuando ha pasado ya
tanto tiempo desde que la celebramos. Un poco más y esta crónica se nos junta
con la siguiente tertulia, pero no vamos a poner excusas. Se nos ha hecho tarde, como de costumbre.

Estrenamos escenario, la tetería
Aleteia, que nos acogió en un ambiente agradable en el que nos pudimos oír y
ver todos sin ruidos ni música demasiado estridente. Probablemente repitamos en
más de una ocasión (¿en la próxima? ).
Para ser un libro tan breve, Estupor y temblores dio mucho de sí. El
retrato que hace de la sociedad japonesa y de las relaciones laborales en el
país suscitó opiniones encontradas. Hubo quien creyó que la autora relataba
punto por punto su auténtica experiencia personal, por lo que pareció terrible que en una
sociedad tan avanzada como la nipona se dieran esos casos de abuso de poder, de
clasismo, de humillación en el mundo del trabajo, de férreas jerarquías y
separación estricta entre los diferentes estratos en una empresa.
Por el contrario, a otros les
pareció que Amélie Nothomb exageraba de forma hiperbólica sus vivencias con
fines claramente humorísticos. Los que conocían aunque fuera mínimamente el
Japón sostenían que no todo era tan exagerado,
aunque sí es cierto que se trata de una sociedad muy tradicional, pese a su modernidad y avances
tecnológicos, y fuertemente
jerarquizada.
En cuanto a la calidad literaria,
coincidimos casi todos en que se trataba más de un divertimento, una anécdota alargada quizás demasiado para
llevarnos a la carcajada, o al menos a la sonrisa, que de una novela stricto
sensu. Hubo quien incluso se preguntó cómo se publicaban semejantes
despropósitos, aunque en general no suscitó opiniones tan adversas.

Como complemento a la lectura de esta obra, Jesús nos sugirió la de otra
novelita de la misma autora, Ni de Eva ni de Adán, en la que Nothomb nos
muestra la otra cara del Japón; también de forma autobiográfica, nos deja ver la parte lúdica de la sociedad
nipona, lo que hacen los japoneses cuando
no están trabajando y su particular concepto del ocio y del amor.
La próxima tertulia, a finales de marzo, tratará sobre la última novela de
Mario Vargas Llosa, El héroe discreto. En breve os informaremos sobre la fecha
exacta -probablemente el viernes 28- y el lugar.
lunes, 2 de diciembre de 2013
Los desorientados
(de Amin Maalouf)
Hacemos aquí un inciso colateral al tema, y es para saber lo que Albert le explica a Adam respecto a su trabajo con los “blind spots”, puntos ciegos que existen en toda época y que, salvo algunos visionarios o especialistas, la gente no es capaz de identificar, pero que se vuelven evidentes años después. El peligro de la contaminación, o la limitación de los recursos marinos son dos ejemplos comprobados. Tal vez quería aquí el autor usar a Albert para aludir a la miopía de Israel y el mundo occidental como otro posible “blind spot”.
Se podría decir que el libro aquí tratado satisfizo ¡por fin! a la mayoría de los miembros presentes de esta exigente tertulia. Precisamente por eso, por el alto listón existente, resultará evidente al agudo lectorado habitual que esta recensión del libro es decididamente parcial, y que no recoge la diversidad de opiniones “in situ” expresadas, los distintos matices apuntados y hasta posiciones a veces encontradas. Así, por ejemplo, el elenco de los personajes de los amigos, habría sido seleccionado, para algunos tertuliantes, a fin de que estuviera representada una diversidad de tipos, facciones o tendencias, con lo que se trataría más de un pretexto con el que introducir los temas del libro que del presunto viaje al pasado que pretende el cronista. Otros detalles o pasajes, como la relación entre Adam y Semiramis, el “permiso” de Dolores a esa relación, la homosexualidad de Albert o la aparente incongruencia del discurso atribuido a algunos de los personajes, conformarían los elementos de relleno o las herramientas para hacer avanzar el libro, que se completan con otras pinceladas, como el fundamentalismo de Nidal, hermano de Bilal, las peculiares reacciones de la viuda de Mourad ante las situaciones provocadas por el duelo, el cuento oriental de la Hanum que representaría los restos del naufragio del imperio otomano, y, en fin, los refrigerios y manjares, locales o importados, que aderezan los encuentros.
Para la crónica de esta última tertulia hemos conseguido que nos ilumine con su clarividente prosa nuestro músico Jesús; por el brillante resultado obtenido, imagino que volveremos a insistirle con frecuencia para que nos deleite con sus palabras de forma más asidua.
1.- El argumento
La llamada a su apartamento de Tania, la mujer de Mourad, para decirle que su antiguo amigo se está muriendo y quiere verle, pone de golpe a Adam, ahora profesor de historia en la universidad de París, frente a los años de su infancia y su juventud en Líbano, el país en que nació y vivió, y del que se exilió hace más de veinte años. En un viaje a su tierra materna que durará dieciséis días, los capítulos del libro, Adam confiará a su libreta los recuerdos, sentimientos y pensamientos que esta repentina intrusión de su pasado le ha provocado, mientras los correos que cruza con algunos de sus amigos recuperados, y los diferentes encuentros establecidos con ellos, nos darán también cuenta de sus distintas perspectivas y tomas de postura ante la vida, la deriva de su país y la marcha del mundo.
2.- Los temas abordados
-Viaje a la juventud y al pasado
Al revivir su pasado, entre la resistencia a abordar una especie de tabú mantenido durante tantos años de exilio y la conciencia de tener que rendir examen interno de esa asignatura pendiente, Adam emprende a fondo la tarea autoimpuesta. Y empieza por tomar nota de los valores compartidos en el seno de aquel grupo de universitarios, apodados “los bizantinos”, por su fama de debatir interminablemente de todo lo humano y lo divino. Recuerda, así, con añoranza aquellas tertulias tan abiertas, en las que se pasaba revista a todas las cuestiones de la vida y la política, plenas de deseos idealistas de cambiar el mundo. Recuerda cómo rechazaban la injusticias, las de su país y las de todas partes, o cómo aquel puñado de amigos, pertenecientes a familias de las distintas tradiciones religiosas de Líbano, compartían sin embargo el rechazo a las “tiranías espirituales de las religiones” - que, como comentan Adam y su ahora amiga-amante Semiramis, “primero te atan el cuerpo para atar después la mente”, mediante la culpabilidad y la vergüenza - y cómo entonces todos ellos se desentendían de sus respectivas religiones e incluso se reían de la propia. Recuerda Adam, en fin, cómo todo aquel mundo de ideales perseguidos, la amistad, el amor, la abnegación, las afinidades, la fe y la fidelidad, todo aquel mundo de la juventud, el de su propio pasado, acabó saltando en pedazos cuando la guerra civil estalló y los expulsó a todos del paraíso. El viaje a la juventud permitirá a Adam-Maalouf, y a nosotros con él, considerar qué es lo que ha sobrevivido de todo aquello después de tantos años y qué se ha llevado por delante el ingreso en la edad adulta.
-La guerra civil y sus consecuencias
La guerra, primero larvada y luego terrible, destrozó aquella visión idealista del mundo de antes. Cuando empezaron los asesinatos indiscriminados y las venganzas y represalias entre barrios, toda la gente se vio obligada a tomar partido, a convertirse en cristianos, judíos, o musulmanes, ya solo vinculados por el odio mutuo. Hubo quienes, como Albert, intentaron encontrar en el suicidio una forma de rebelión contra aquella locura asesina. Otros, como Naím, Adam o el mismo Albert, tras el a un tiempo rocambolesco y entrañable desenlace de su tentativa- le secuestran cuando se iba a suicidar, y luego le adoptan los propios secuestradores, unos padres desquiciados que habían perdido a su propio hijo -,eligieron finalmente el exilio, para no verse obligados a tomar partido por ningún bando ni contra nadie, conscientes de que la guerra les habría, sin duda, obligado a actuar contra sus principios. Primero emigró Naím, luego fue la guerra la que se llevó a Bilal y la que acabó por corromper a Mourad, razón, esta última, de que Adam rompiera la relación con su amigo desde entonces, hasta ahora, cuando el cáncer, mensajero de la muerte de su amigo, le obliga a recapacitar.
La guerra, escribe Adam a Naím en uno de los correos que ambos cruzan, no solo se limita a sacar a flote la vergonzante condescendencia de la gente con la corrupción y hasta con los peores delitos, como la extorsión, el saqueo, las drogas o el blanqueo de dinero de sangre; la guerra también fabrica y moldea los peores instintos. Las fechorías de Mourad mancillan e insultan, y es un deber de sus amigos juzgarlas sin compasión. Pero en la hora de su muerte se le debe perdonar para que muera tranquilo. Si Mourad quiso hablar con su amigo en el lecho de muerte es que había recuperado los principios que antes les unieron.
-Judíos y árabes, Occidente e Islam
El viejo mundo del Mediterráneo y el Oriente Medio, en el todos los pueblos se mezclaban y coexistían de una a otra punta, se desvaneció tras la primera guerra mundial. Desde entonces, las grandes calamidades originadas por el hombre superaron por primera vez a las catástrofes naturales. Tras la descomunal barbarie desatada por el nazismo, dos ideologías destructoras opuestas tomaron el relevo y se expandieron por el mundo con perniciosos efectos, el comunismo y el anticomunismo. Así le escribe Naím, exiliado en Brasil, a Adam, al volver a relacionarse tras tantos años. Naím, como su familia, es judío y árabe, y es el personaje que permite al autor abordar lo que podría ser el gran tema del libro. Y lo hace recordando cómo el cataclismo que sufrieron los judíos con el nazismo tuvo consecuencias regionales y planetarias: la creación del Estado de Israel y el desequilibrio progresivo del mundo árabe, y luego del musulmán. En Occidente, reconocer el carácter monstruoso de la matanza perpetrada por el nazismo se convirtió en elemento determinante de la conciencia ética contemporánea, y se plasmó en ayuda material y moral al Estado de Israel. Por el contrario, el mundo árabe, sucesivamente derrotado y humillado en el conflicto con Israel, quedó desconectado de la conciencia de todo el mundo, o al menos del occidental, que viene a ser lo mismo. Aquel conflicto, sigue escribiendo el Adam historiador a Naím, es el conflicto que impide a Occidente y al Islam reconciliarse, el que hace retroceder a la humanidad contemporánea hacia las crispaciones identitarias, el fanatismo religioso, el “enfrentamiento de civilizaciones”. Es, en primer término, por ese conflicto por lo que la humanidad ha entrado en una fase de involución ética y no de progreso. Los judíos por su parte, aunque resultaron vencedores materiales, perdieron aquel papel histórico que siempre tuvieron: el de fermento humanista global. “Al convertirse en un Estado como los demás, con su propia lógica nacionalista, perdieron lo esencial; no es posible ser a un tiempo rabiosamente nacionalista y resueltamente universalista”. Quien así se expresa ahora es Albert, que acabó yéndose a Estados Unidos y es ya ciudadano de aquel país, integrado en el ámbito de la investigación social.
Hacemos aquí un inciso colateral al tema, y es para saber lo que Albert le explica a Adam respecto a su trabajo con los “blind spots”, puntos ciegos que existen en toda época y que, salvo algunos visionarios o especialistas, la gente no es capaz de identificar, pero que se vuelven evidentes años después. El peligro de la contaminación, o la limitación de los recursos marinos son dos ejemplos comprobados. Tal vez quería aquí el autor usar a Albert para aludir a la miopía de Israel y el mundo occidental como otro posible “blind spot”.
Volvemos de nuevo al tema. Si Israel y los judíos recibieron desde el principio todos los apoyos, la experiencia para los árabes fue demoledora. “Hay en todos los árabes - dice otro amigo reencontrado por Adam, el ahora riquísimo hombre de negocios Ramez, que vive opulentamente en Ammán -, rastros de una honda experiencia traumática, que cuando se mira desde la orilla opuesta no causa sino incomprensión y suspicacia, pero que se refleja en la conciencia de pertenecer a una civilización derrotada y de tener que cargar con esa mancha en la frente”. En consecuencia, judíos y árabes viven encerrados en odiarse, sin otra salida posible. Son dos tragedias rivales, y su enfrentamiento alcanza ya dimensiones que afectan al mundo entero y hacen preludiar que la humanidad, en este siglo XXI en el que impera “el becerro de oro”, el verdadero enemigo contra el que hay que luchar - y ahora es Albert el que toma el relevo -, se está encaminando hacia otras dos grandes calamidades opuestas, sucesoras de las anteriores, que serían el islamismo radical y el antiislamismo radical. Este conflicto de la humanidad se calificaría como el actual “zeitgeist”, el espíritu de esta época, ese viento fuerte al que es difícil resistirse, pero contra el que habría que oponer los valores del universalismo, los derechos humanos, la igualdad, la ciudadanía del mundo. Tiene que surgir un nuevo mundo en el que todas las personas, “nacidas en el planeta antes que en un país o en una casa”, proclama Adam, puedan convivir de nuevo en libertad.
Y una vez desgranadas todas estas “píldoras” de su filosofía por boca de los distintos personajes de la historia, el autor pone un inesperado final al libro, privando al lector del ansiado reencuentro final de todos los amigos, en el que volverían a reeditar la tertulia de “los bizantinos” y habríamos podido disfrutar de su madurez, de lo que han aprendido de la vida, de lo que de ellos ha sobrevivido. El drama esta vez no lo causa la guerra, sino un fortuito accidente de coche que deja en coma a Adam y se lleva la vida de su amigo Ramzi, al que ha ido a recoger al monasterio en que ahora vive retirado, para llevarlo al encuentro planeado con el resto de sus amigos. Antes del fatal accidente, Adam había dejado escrito en su libreta: “…Mi gran alegría es haber encontrado entre las aguas unos cuantos islotes de delicadeza levantina y de ternura serena. Y eso me proporciona otra vez, al menos de momento, un apetito nuevo por la vida, razones nuevas para luchar y quizá, incluso, un estremecimiento de esperanza. ¿Y a más largo plazo? A largo plazo, todos los hijos de Adán y Eva son niños perdidos” (…) “Adam está en suspensión”, dice Dolores (su compañera). “Como su país, como este planeta–añade-. “En suspensión, como todos nosotros”. Así termina el libro.
3.- La tertulia
Se podría decir que el libro aquí tratado satisfizo ¡por fin! a la mayoría de los miembros presentes de esta exigente tertulia. Precisamente por eso, por el alto listón existente, resultará evidente al agudo lectorado habitual que esta recensión del libro es decididamente parcial, y que no recoge la diversidad de opiniones “in situ” expresadas, los distintos matices apuntados y hasta posiciones a veces encontradas. Así, por ejemplo, el elenco de los personajes de los amigos, habría sido seleccionado, para algunos tertuliantes, a fin de que estuviera representada una diversidad de tipos, facciones o tendencias, con lo que se trataría más de un pretexto con el que introducir los temas del libro que del presunto viaje al pasado que pretende el cronista. Otros detalles o pasajes, como la relación entre Adam y Semiramis, el “permiso” de Dolores a esa relación, la homosexualidad de Albert o la aparente incongruencia del discurso atribuido a algunos de los personajes, conformarían los elementos de relleno o las herramientas para hacer avanzar el libro, que se completan con otras pinceladas, como el fundamentalismo de Nidal, hermano de Bilal, las peculiares reacciones de la viuda de Mourad ante las situaciones provocadas por el duelo, el cuento oriental de la Hanum que representaría los restos del naufragio del imperio otomano, y, en fin, los refrigerios y manjares, locales o importados, que aderezan los encuentros.
Los temas de la guerra y del enfrentamiento árabe-israelí suscitaron gran interés, por la valentía del autor en abordar un asunto tan controvertido y tan presente por estos lares, y aquí también los tertuliantes estuvieron a la altura del reto, mostrando que había asunto para debatir y reflexionar, y en coincidencia con el autor, que no parece que la deriva actual de los acontecimientos esté precisamente orientada a un final feliz, sino al grave enfrentamiento global que pronostican estas mismas páginas.
Y entre estas y otras muchas reflexiones, intercaladas con intercambios más livianos que, tal vez, y no por falta de mérito, no lleguen a ser recogidos en los anales de las tertulias literarias, fueron los esforzados diletantes literarios consumiendo los últimos minutos de su agradable encuentro, hasta que acabaron por retirarse tranquilamente a sus respectivos ocios y ocupaciones particulares.
La próxima tertulia, a la vuelta de vacaciones de Navidad, versará sobre Estupor y temblores, de Amelie Nothomb.
domingo, 13 de octubre de 2013
El gran Gatsby
(de F. Scott Fitzgerald)
Tom
y Daisy, superficiales, crueles, indiferentes al dolor que provocan,
salen muy mal parados, sobre todo la odiosa Daisy que personifica la
frivolidad y el egoísmo más absoluto.
La valoración de la historia, de los personajes y de la forma de estar contado el libro tuvo bastante controversia: por un lado detractores que no salvaron prácticamente nada de él y que lo catalogaron como “pasado”, y por otro sus defensores a ultranza,entre los que me encuentro.
Para esta primera entrada del curso tras las merecidas vacaciones contamos con una cronista de lujo, Menchu, que ahora tiene unas vacaciones un poco más largas que las nuestras. Transcribo a continuación su inspirada reseña:
Según
tengo entendido F. S. Fitzgerald escribió El Gran Gatsby en
1924 en Francia y la corrigió posteriormente en Roma y Capri (ahí
es nada); él mismo le comentó a su editor "he escrito la mejor
novela de los Estados Unidos” (el chaval no se andaba por las
ramas).
Gertrude
Stein, gran dama de la movida parisina de los años 20, describió a
S. Fitzgerald como el mejor representante de la llamada “generación
perdida” y este libro se ha considerado desde entonces como uno se
los hitos de la novela americana.
El
libro está dividido en 9 capítulos no demasiado extensos; en ellos
Fitzgerald nos presenta un mundo de contrastes que, en mi opinión,
es uno de los “atractivos” de la novela.
La
trama se va a desarrollar en unos E.E.U.U. que han ganado la Gran
Guerra y que a partir de ese momento van a convertirse en los
protagonistas de la historia del siglo XX. Manhattan y Long Island
son los escenarios principales.
Los
“ felices veinte” como telón de fondo nos van a presentar una
sociedad con grandes contradicciones: es la época del jazz, del
charleston, de faldas y pelo corto a lo “garçon”, de un
capitalismo agresivo en el que la riqueza es la llave a través de
la cual podemos conseguir cualquier cosa , siempre y cuando no nos
importe demasiado el precio que tengamos que pagar. Pero no
olvidemos que la Gran Depresión está al llegar y anunciandola
están el alcohol, los negocios sucios, la miseria y el pesimismo de
los otros grupos sociales.
Los
protagonistas van a formar parte de este caleidoscopio. Podríamos
agruparlos en parejas opuestas:
La
primera formada por Nick Carraway y Jay Gatsby.
El
narrador, Nick Carraway nos relata, dos años después, lo ocurrido
en el último verano de la vida de Jay Gatsby. Nick, que desde el
inicio de la novela hace especial hincapié en señalar que no
quiere juzgar a nadie pues no ha olvidado el consejo de su padre
(......no todo el mundo ha tenido las mismas oportunidades) va a ser
el hilo conductor del drama y es a través de su mirada que vamos a
ir conociendo a los protagonistas.
Gatsby,
“mister nobody from nowhere”, es el hombre que ha llegado hasta
aquí dispuesto a cualquier cosa para conseguir el amor de su vida.
Esta
" pareja" nos va a presentar dos formas de amor totalmente
diferentes: Nick el amor aburrido incapaz de emocionarnos; Gatsby,
el amor por el cual se puede perder todo, incluso la vida.
La
segunda pareja que comparte el protagonismo está a su vez formada
por dos matrimonios opuestos:
La
pareja brillante y triunfadora poseedora de fuerza, belleza y
riqueza, Tom y Daisy, y su contrapunto el matrimonio triste y
miserable compuesto por George y Myrtle.
Serán
Myrtle y Gatsby los que personifiquen el sueño de que otra vida
mejor es posible, aunque el precio a pagar por ello sea demasiado
alto.
La
trama es sencilla pero mantiene la intriga hasta el final, un final
trágico, el cual (se discutió ampliamente en la reunión) deja las
puertas abiertas al lector para que explique el hecho que va a dar
lugar a la tragedia final: ”Daisy giró primero hacia el otro
coche para esquivar a la mujer pero entonces perdió los nervios y
volvió a girar”; la pregunta es por qué lo hizo, ¿sabía
quién era la mujer que corría para “decirnos algo”?
El
final de la tragedia y su juicio se presentan también como una
contradicción. Gastby es absuelto ; “ son mala gente...tu vales
más que todos ellos juntos”. Y una “condena” para los
protagonistas vivos, incluido el narrador.
A
Tom lo encontramos delante de una joyería completamente convencido
de que había actuado correctamente. Él y Daisy representan el grupo
humano ”que destrozaban cosas y personas y ..se refugiaban
detrás de su dinero o de su inmensa desconsideración”.
Nick
deja pasar el amor, pues también considera a Jordan como una persona
poco honesta, y vuelve a su casa.
El
libro acaba inmerso en una gran tristeza y melancolía. El futuro,
representado por la luz verde del faro: “que cada día se nos
escapa a pesar de nuestros esfuerzos. Así seguimos,
golpeándonos....devueltos sin cesar al pasado”. Fin de la
cita (que diría aquel).
En
la tertulia se comparó en algún momento el libro con la pintura
realista/impresionista. Realmente es un libro “visual”, su
lectura me trajo a la imaginación la pintura de E. Hopper,
contemporáneo de Fitzgerald. Su obra , absolutamente realista, llena
de tristeza y melancolía, deja al espectador la puerta abierta a la
interpretación de sus cuadros llenos de silencio, soledad y
misterio.
Otro
punto clave fue la discusión sobre los personajes: Gatsby, héroe
indiscutible para muchas (la imagen de Reford/Di Caprio no hay que
dejarla de lado) al que se le perdona todo en su búsqueda del amor.
Tom
y Daisy, superficiales, crueles, indiferentes al dolor que provocan,
salen muy mal parados, sobre todo la odiosa Daisy que personifica la
frivolidad y el egoísmo más absoluto.
Nick,
el que no quiere juzgar a nadie y acaba juzgando a todos, un
personaje trazado con frialdad pero que no te deja indiferente y que
cierra el relato en un ambiente de tristeza y melancolía que parece
anunciar los “terribles treinta” que están a la vuelta de la
esquina.
La valoración de la historia, de los personajes y de la forma de estar contado el libro tuvo bastante controversia: por un lado detractores que no salvaron prácticamente nada de él y que lo catalogaron como “pasado”, y por otro sus defensores a ultranza,entre los que me encuentro.
Quizás
no sea el mejor libro de la literatura americana, como Fitzgerald
dijo, pero creo que es un libro que admite muchas lecturas y que
retrata una sociedad y unos personajes que todos conocemos y que en
algún momento todos podemos vernos identificados.
La próxima tertulia versará sobre la novela de Amin Maalouf Los desorientados (atención, nos hemos saltado la lectura de Rayuela, que estaba previsto que leyéramos antes de la de Maalouf).
sábado, 6 de julio de 2013
La fórmula preferida del profesor
(de Yoko Ogawa)
La fórmula preferida del profesor es un libro
recomendado con frecuencia como lectura para los alumnos de matemáticas. A los
profanos en esta ciencia nos pareció una forma curiosa de acercamiento a ella,
que a algunos les gustó bastante y a otros los dejó indiferentes.
Podríamos concluir diciendo que, si bien esta lectura no nos
hizo amar apasionadamente las matemáticas, al menos nos ayudó a comprenderlas
un poco mejor, tanto a ellas como a los que sí las adoran realmente.
Por si queréis echarle un vistazo, hay una película basada en la novela:
Esta última tertulia estuvo a punto de no celebrarse por
varios motivos; primero, que en la reunión anterior ya algunos habían leído
este libro y no se mostraban muy entusiastas, por lo que se insinuó la idea de
cancelar su lectura antes de que todo el mundo lo empezara (ya había
antecedentes de libros que se habían sustituido antes de la tertulia por no
haber gustado); segundo y más importante, que nos quedamos sin sede y anduvimos
errantes hasta dar con nuestros huesos en La Tagliatella, donde horas más tarde
íbamos a cenar. Finalmente todo se solucionó y, aunque no en las mejores
condiciones deseables, pudimos hablar de la novela.
La fórmula preferida del profesor es un libro
recomendado con frecuencia como lectura para los alumnos de matemáticas. A los
profanos en esta ciencia nos pareció una forma curiosa de acercamiento a ella,
que a algunos les gustó bastante y a otros los dejó indiferentes.
Se destacó la habilidad de la autora para desvelar la poesía
que esconden los números, que constituyen el único vínculo que conserva el
profesor con el mundo exterior, y su única forma de entablar relación con los demás. Este amor por
las matemáticas es tan profundo que consigue transmitírselo al hijo de su
asistenta, Root, un niño que en principio no mostraba mayor interés por esta
asignatura.
La figura de la anónima asistenta no convenció a algunos
asistentes a la tertulia; no les resultó creíble una joven de extracción
humilde y sin estudios, que de repente comienza a interesarse por fórmulas
matemáticas y a buscar números primos, números amigos, y a utilizar toda clase
de términos técnicos. Nos recordó por un momento a otro personaje que tampoco
pareció verosímil en su momento, la portera de La elegancia del erizo,
de Muriel Barbery.
Se discutió sobre los trastornos de memoria y la posibilidad
de que una persona recuerde sólo los últimos ochenta minutos de su vida,
borrando todo lo anterior: evidentemente, si no se acepta esta premisa toda la
novela se desmontaría, pues es la base de toda la trama.
El tema del béisbol, el otro lazo que vincula al profesor
amnésico con la realidad, no suscitó grandes pasiones. No es precisamente un
deporte que despierte gran interés en nuestro entorno y, al desconocer muchos
de nosotros sus reglas y rituales, no terminamos de entender ese entusiasmo que
muestran los personajes del libro (entusiasmo que parece que comparte la
inmensa mayoría de los japoneses).
Podríamos concluir diciendo que, si bien esta lectura no nos
hizo amar apasionadamente las matemáticas, al menos nos ayudó a comprenderlas
un poco mejor, tanto a ellas como a los que sí las adoran realmente.
Como es tradicional en la tertulia final del curso, se
eligió por votación cuál fue la obra que más gustó del año y qué tertulia
resultó más interesante. Como novela resultó ganadora El día de mañana,
de Ignacio Martínez de Pisón, y como mejor tertulia la de Cárceles
imaginarias, de Luis Leante.
Decidimos finalmente las próximas lecturas, tanto para el
verano como para el principio del próximo curso. La primera que leeremos, para
la tertulia de septiembre, será El gran Gatsby, de F. Scott
Fitzgerald. Continuaremos con Rayuela, de Julio Cortázar, y la tercera
del curso será Los desorientados, de Amin Maalouf.
Buen verano y nos volvemos a ver a la vuelta de vacaciones.
Por si queréis echarle un vistazo, hay una película basada en la novela:
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