domingo, 21 de marzo de 2010

Lo que el día debe a la noche

(de Yasmina Khadra)


No ha sido fácil encontrar a alguien que se prestara a hacer al menos una reseña (y no digo ya una defensa) de esta novela sobre la que versó la tertulia del pasado 3 de marzo; todos coincidimos en lo fácil que puede llegar a ser para un traductor “cargarse” la obra de un novelista, como ha sido el caso: errores sintácticos, léxicos y sobre todo estilísticos pueblan la traducción de Lo que el día debe a la noche que ha llegado a nuestras manos. Pero incluso prescindiendo de este factor nadie pareció encontrar demasiado que salvar de la quema.

Y en este punto llega nuestro Jesús Marlasca, abogado de causas perdidas, que se está especializando en ver el lado positivo de obras que a la mayoría no han gustado (ya lo hizo, por ejemplo, con La elegancia del erizo o con Pomponio Flato); gracias a él contamos con algunas reflexiones que arrojan algo de luz sobre la novela de Yasmina Khadra que, de otra manera, habría pasado sin pena ni gloria (o con más pena que gloria) por nuestra memoria de lectores. No tuve que insistirle mucho (la tortura está mal vista) para que entresacara unas citas memorables de la obra y escribiera algunas líneas que paso ahora a resumir. Gracias, Jesús, santo patrón de los libros indigestos (Reader’s In-digest?).
El fallo principal que le ve al libro es la falta de fuerza y coherencia narrativa, aunque se salvaría –nos dice Jesús- si el objetivo del autor hubiera sido el de plasmar la vida de un personaje timorato (esa palabra a mí siempre me ha sonado a química, como “timorato de sodio”, o algo así), incapaz de enfrentarse a las situaciones, indeciso, mediocre y, en consecuencia, triste e infeliz. Un libro para dejarnos con el malestar que se siente cuando uno se ve reflejado en él. Aunque añade que no cree que haya sido ésa la intención del autor. Y, a partir de aquí, nos ofrece algunas citas sueltas que, como dice él, “valen para la vida”:
-Sobre el pretendido “desarrollo” de la cultura occidental: “[Los árabes]… no somos perezosos, sólo que nos tomamos nuestro tiempo para vivir. Para los occidentales, el tiempo es dinero.”
-Sobre el proceso de maduración y el aprendizaje: “Resulta extraño cómo las verdades que desconocemos nos alcanzan en los lugares menos oportunos. Me iba a pique y fue una puta la que me sacó a flote”. (O, más adelante): “Me había decidido a arrancarme el corazón con las manos si se me ocurría lamentarme un segundo por mi suerte”.
-Sobre la superación de los miedos, cuando Younes revienta, por fin, ante la arrogancia y el sentimiento de posesión de la tierra de Argelia del señor Sosa, que desprecia a los árabes.
-Sobre la toma de decisiones imperiosas: “Llegó el momento de elegir entre la maleta o el ataúd”.
-Sobre la felicidad: “He sido feliz después [del rechazo de Emilie]… He tenido alegrías, momentos inolvidables; hasta he amado… Sin embargo, siempre he sentido […] que no hacía sino gravitar en la periferia de la felicidad”.
-En el cementerio de Saint-Pierre: “La auténtica tumba de los muertos es el corazón de los vivos”.

Gracias de nuevo, Jesús, por tus reflexiones.

El libro propuesto para la próxima tertulia (ya a la vuelta de las vacaciones de Pascua) es La isla bajo el mar, de Isabel Allende (editorial Plaza-Janés).

martes, 26 de enero de 2010

Los peces de la amargura

( de Fernando Aramburu)

RESEÑA ENVIADA POR JOSUNE.


El título del libro de relatos que comentamos en nuestra tertulia el pasado 19 de enero es también el del primer cuento, uno de los que a mí más me han gustado. Un hombre de mediana edad se entretiene en observar y alimentar a los peces de su acuario. Su hija, una joven condenada a usar muletas para siempre como consecuencia de las heridas causadas por un atentado terrorista, le pregunta cuál de esos peces podía ser ella. El padre elige el blanco, «(...) un molly blanco, el único que me queda de esa clase. Había nacido en el acuario. Un día, hace lo menos tres años, fui a limpiar el filtro y encontré dentro dos alevines, uno que ya murió y ése. Sus progenitores tampoco sobrevivieron a los meses en que descuidé el acuario. Aunque pequeño, puede que sea el pez más viejo de cuantos me quedan. (...) Desde aquella tarde se acercaba al acuario con más frecuencia que en tiempos anteriores. ¿Dónde estoy que no me veo? Lo preguntaba con la cara casi pegada al cristal. La llenaba de contento descubrir al molly escondido entre las plantas. Lo saludaba, se dirigía a él con su propio nombre, le decía cosas por lo general graciosas. También le decía que le daba pena su soledad. Triste.» (pp. 29 y 30) Triste este cuento, triste el libro. Pero lo peor es que lo que refleja rezuma verdad, realidad. Y eso, que estas historias tan tristes sean de verdad, es lo que a mí me resulta insoportablemente triste.
Sin embargo, el libro nos gustó, nos gustó mucho y creo que a todos, lo cual se ha dado muy pocas veces en la historia de nuestra tertulia. Dice el maestro Serrat en una de sus bellas canciones: «Nunca es triste la verdad, lo que no tiene es remedio». Tal vez lleve razón. La verdad suele ser sencilla y clara, y a veces llegamos a ella tras dolorosas peripecias que podríamos habernos ahorrado. Todo por demorar el encuentro con lo que es tal y como es, sin trampa ni cartón, sin remedio. Ahí es donde nos espera la tristeza, en la constatación de que la realidad ante la que nos situamos podía haber sido de otro modo; pero es ASÍ, nos guste o no.
La joven protagonista del cuento de los peces fue un sábado por la mañana a sacar dinero al cajero de la oficina que los etarras habían elegido para poner una bomba. Pudo haber ido en otro momento o a otro cajero. Pero fue a ése justo cuando la bomba estalló y marcó para ella y los suyos la negra raya entre el antes y el después en su vida, para siempre, sin remedio. Ésa es la verdad. El azar elige a las víctimas de la violencia terrorista y la onda expansiva del terror siembra el miedo por todas partes.
En otros relatos de este libro el terror se dirige a quienes los criminales consideran sus enemigos, o enemigos del pueblo vasco, al que ellos, según afirman, defienden y pretenden liberar. En estas historias los terroristas señalan qué ideas o actitudes pueden acarrear la desgracia y la muerte. La tragedia de las víctimas y sus familias convierte el miedo de los demás en silencio e inhibición. Además de con la vida rota, las víctimas se quedan solas. Algunas siguen viviendo allí; a otras no les queda más remedio que irse. Triste.
Fernando Aramburu, el autor de la obra, nació en San Sebastián en 1959. Veo difícil reflejar, del modo en que él lo hace en este libro, la realidad de la sociedad vasca sojuzgada por el terror de ETA sin conocerla bien. La descripción de los tipos humanos está lograda mediante una portentosa selección de actitudes y de palabras. Si a la expresión le faltan verbos no es porque el autor los haya olvidado sino porque están ausentes también de los vascos a los que pertenece. El cuento es un género muy difícil porque esconde mal tanto sus excesos como sus carencias. A mí me parece que a estos diez cuentos ni les sobra ni les falta nada, y que, además, se le debe reconocer a su autor el mérito de mostrar no sólo la tragedia de la barbarie terrorista sino también la ideología que la sustenta, y de no dejarse a nadie fuera de la fotografía que nos ofrece. En Los peces de la amargura estamos todos.
Hay literatura prescindible y hay literatura necesaria. Este libro pertenece a la segunda categoría. Casi todo lo que hablamos en la tertulia trascendió lo literario porque siempre la vida es antes y es más, y la lectura de estos relatos nos obliga a conocer los motivos por los que el nacionalismo radical sigue teniendo adeptos, pues, contemplado desde fuera y desde lejos, resulta incomprensible, absurdo, triste.
Algunas víctimas del terrorismo han dicho muy claro que ni olvidan ni perdonan y me parece más que probable que quienes no lo han dicho también lo piensen. Están en su derecho. Creo que yo, en su lugar, sentiría lo mismo que ellos. Ojalá los asista a todos la fortaleza del molly blanco y salgan adelante sin demasiada amargura. No dejo de preguntarme, desde que acabé de leer el libro, cuál de los peces del acuario sería yo...
El libro propuesto para la próxima tertulia (sobre mediados de febrero) es Lo que el día debe a la noche, de Yasmina Khadra (Ediciones Destino, Barcelona 2009)

domingo, 13 de diciembre de 2009

Las uvas de la ira

(de John Steinbeck)



Parece que esta tertulia, aparte de ser una de las más hipercalóricas –los rollitos de María hicieron perder la compostura y la línea a más de uno- ha sido una de esas raras ocasiones en las que casi todos estábamos de acuerdo en la monumentalidad de la novela comentada. Las uvas de la ira no ha dejado a nadie indiferente: mientras que a la mayoría nos pareció una obra excepcional, una de las cumbres de la literatura, a algunos simplemente les impactó y sobrecogió la odisea de la familia Joad en busca de su particular El Dorado (pero –matizó una de nuestras “tertuliantes”- sólo recomendaría su lectura a quien le apeteciera pasarlo francamente mal).
Hubo quien propuso utilizar la novela como libro de texto de diferentes materias: historia, filosofía, economía, religión… de tanto “tema transversal” (en términos LOGSE) que surca las páginas de la obra de Steinbeck.
También se comparó el libro con El Manifiesto Comunista: la única salida que parece viable para la penosa situación de los okies es la revolución (no en vano la novela estuvo prohibida durante años en Estados Unidos); el único respiro que se les concede a los Joad es la estancia en el campamento del gobierno, donde todos ayudan a todos, la propia comunidad elige a sus gobernantes, no existe policía… unas ideas bastante cercanas al marxismo.
La figura de Madre (así, sin artículo) a todos nos pareció magistral: esa mujer de una pieza que intenta mantener unida la familia mientras ésta se va descomponiendo poco a poco, es uno de los personajes mejor trazados de la novela. Su fuerza ante la adversidad anula a su marido, que ya no se atreve ni a levantarle la mano (es tremendo el pasaje en que ella, ante un enfado de su marido, le replica que ya le dejará que le propine una buena paliza cuando estén establecidos, con un buen trabajo y una buena casa).
También coincidimos muchos en lo impactante y desolador del final, que no revelaremos dado que algunos no llegaron a acabar la novela. Este final no aparece en la versión cinematográfica de John Ford (de 1940), película, por otra parte, altamente recomendable, aunque el director se vio forzado a realizar algunos cambios con respecto a la novela en aras a la comercialidad (realmente Ford se “desentendió” de la película una vez filmadas todas las escenas, y fue en el proceso de montaje donde se realizaron los cambios: el final es mucho más esperanzador que en el libro, la estructura está ligeramente alterada de manera que el episodio del campamento gubernamental quede hacia el final, se omiten las referencias a los “rojos” y se cambia el término por “alborotadores”…, detalles que, sin embargo, no impiden que éste sea uno de los grandes clásicos del cine americano).
Animamos desde aquí a todos los que no han tenido tiempo (o ganas) de leerse las setecientas y pico páginas de la obra a que lo hagan, pues (aparte de sufrir con la familia Joad) comprenderán así mucho mejor una etapa de la historia de Estados Unidos, la de la gran depresión.







El libro para la próxima tertulia (ya en enero) será Los peces de la amargura, de Fernando Aramburu (editorial Tusquets).

domingo, 25 de octubre de 2009

La vieja sirena

(José Luis Sampedro)

RESEÑA DE JOSUNE:



El pasado 7 de octubre abrimos la nueva temporada de tertulias con La vieja sirena, de José Luis Sampedro, la novela más voluminosa del año, ésa que nos dejamos para el verano porque en teoría disponemos de más tiempo pero que finalmente leemos —casi todos— agobiados por las prisas. Y me refiero a la extensión porque sus más de seiscientas páginas se han convertido en un inconveniente nada despreciable para aquellos a los que les ha gustado poco la novela, que, por cierto, han sido unos cuantos.
Yo tenía muchas ganas de que leyéramos y comentáramos este libro. A mí me llegó recomendado por un amigo mío, uno de los mejores y más exigentes lectores que conozco. Me habló de él con entusiasmo y eso mismo fue lo que me causó la primera vez que lo leí, hace unos quince o dieciséis años. Me interesó la historia, me sorprendió la descripción de una sociedad en crisis, heterogénea y cambiante, como la que habitaba Egipto en el siglo III d. J. C. Me cautivaron los tres personajes principales, ella sobre todo, y me llamó la atención el poético lenguaje con el que el autor refleja el sentimiento amoroso.
La sabiduría de Irenia, su honda comprensión de la naturaleza humana, que ella, ser eterno e inmortal, ha pedido compartir, fue lo que más me impresionó, junto con las reflexiones sobre las fronteras: «...el futuro se juega en las fronteras...»; «...Porque dentro del imperio hay gentes fronterizas, como los cristianos o los esclavos. Y dentro de cada ser humano también hay fronteras, la vida se crece siempre en las fronteras.» (p. 207) La frontera como ejemplo de nuestras contradicciones y mezclas. La frontera como el espacio geográfico y existencial en el que la vida se arraiga y fortalece. La confusión de la frontera como origen de la tolerancia desde el más puro sentimiento de libertad.
Incluí esta novela en la lista de mis libros más queridos y la he regalado en varias ocasiones con la intención de compartir con otros un tesoro. Debo decir, tras su relectura, que la seguiré regalando porque me parece una novela buena y recomendable, pero ha desaparecido el entusiasmo de mi primer encuentro con ella. Otros contertulios comentaron que les había sucedido lo mismo, de lo cual concluimos que hay obras que envejecen mal y que, si no resisten la relectura, tal vez es que nunca estuvieron al nivel que creímos. El libro es el mismo, es el lector quien ha cambiado. Hace años me pareció una obra admirable en la que no hallé defecto alguno. Esta vez, en cambio, me ha parecido que el tono poético traspasa con frecuencia los límites de «lo ñoño», apreciación en la que hemos coincidido unos cuantos, y que los tres protagonistas simbolizan una terna demasiado obvia de actitudes vitales. También comentamos que los pasajes sobre la guerra resultan demasiado extensos y en ellos decae el interés de la historia, interés que algunos ni siquiera llegaron a percibir.
Hubo opiniones para todos los gustos, lo cual siempre está bien.
Quedamos emplazados para la primera quincena de noviembre con Las uvas de la ira, de John Steinbeck. Feliz lectura.
Josune

domingo, 27 de septiembre de 2009

Síndrome postvacacional



Queridas/os tertuliantes, ya estamos de vuelta del cortísimo verano a la rutinaria rutina, un poco más viejos (nosotros) y un poco más revoltosos (los nenes). De modo que, para ayudar a remontar con éxito este comienzo de curso (esperemos que algo más tranquilito que el pasado) inauguramos la temporada con la tertulia de La vieja sirena, de José Luis Sampedro. Como hemos vuelto de vacaciones con los deberes hechos -algunos-, estamos deseando reunirnos para intercambiar opiniones y comernos los bombones de Josune (¿qué tal unos light para paliar los excesos del verano?).


La cita será el MIÉRCOLES 7 DE OCTUBRE, a las 18:00, en la biblioteca del Pla.


Y si os queréis "alejandrinizar" totalmente, al día siguiente se estrena la película de Amenábar, Ágora (ya os contaba hace meses, sobre Hipatia de Alejandría).


Nos vemos allí.


lunes, 25 de mayo de 2009

Mala gente que camina

(Benjamín Prado)


RESEÑA ENVIADA POR MENCHU:
QUERIDOS CONTERTULIOS:
Si tuviera que ponerle título a la reseña de la tertulia que me ha tocado en suerte, éste sería “VIAJE AL LADO OSCURO DEL CORAZÓN”. Creo que no exagero si digo que esta tertulia ha sido de las más unánimes a la hora de valorar el libro al que le hemos dedicado el último capítulo de nuestro "III Año Triunfal", siguiendo con el vocabulario propio del tema. De una manera u otra, todos estábamos de acuerdo en apreciar, en la novela de Benjamín Prado, más la historia que se narra que la forma en que esta contada. “La Comunidad del anillo”, es decir, nosotros, compartíamos todos el desconocimiento de lo horrible que fue la posguerra, de los siniestros personajes que la protagonizaron y que han seguido viviendo “de rositas” hasta nuestros días, gozando incluso de prestigio como el Doctor Jekyll (léase Vallejo Nájera) y sobre todo de que nosotros no somos diferentes del caso alemán, argentino, chileno, etc, etc, e incluso, (como nuestra nueva contertulia Conchi Agüero (bienvenida, por cierto) apuntó (cosa que me puso los pelos de punta) nuestro “modelo” de secuestro de niños había sido “instruido” por asesores franquistas a los monstruos del cono Sur. Resumiendo, el horror no tiene fronteras.

Desde el punto de vista “técnico-literario” (qué alivio) nuestras opiniones, como no podía ser menos, estaban divididas. Casi todos compartíamos la opinión de que el relato era en muchos casos farragoso y poco creíble, (la figura de la madre, pobrecita, obtuvo críticas unánimes), por la enorme cantidad de citas, fechas, datos, cuya única justificación puede estar en dar credibilidad a un relato escalofriante.

El diseño de los personajes tampoco nos pareció demasiado acertado y las críticas coincidieron en que la descripción del instituto y su funcionamiento no tienen ni pies ni cabeza, así como el personaje del “tío-padre” en la sombra. Sin embargo, Dolores Serna y Óxido, “novela dentro de la novela” nos parecieron a la mayoría muy interesantes y se echó en falta que el autor le hubiera dado mayor relevancia. La mezcla de ensayo-tesis doctoral-reseña de actualidad con novela ha perjudicado a la obra en general.
A modo de conclusión diría dos cosas:
  • Creo que todos estamos de acuerdo en que éste es un libro difícil de olvidar y que de alguna manera nos ha hecho reflexionar sobre muchísimas cosas, algunas de las cuales es evidente que no están superadas en absoluto.

  • Que la novela de B. Prado, que arranca con una cita de Luis Rosales: No basta que callemos… y termina con una postdata-dedicatoria: Para María Jesús y María Ángeles porque fuera de las novelas también hay hermanas así, explican el porqué y para qué de la obra.

Queridos contertulios, como veis me enrollo con facilidad, así es que en futuras reseñas pensáoslo antes. Os mando un abrazo muy fuerte y os deseo que los Idus del estío os sean propicios.

Besos,

MIMENCHU


Gracias, Menchu, por salir tan airosa del "marronazo" que te endosamos. Lo has hecho tan bien, que en adelante te vamos a proponer como cronista oficial del Sofá (jejeje...).


Por mi parte, añadiré que se llevó a cabo la ya tradicional votación sobre las tertulias del curso, y ganó por goleada La tregua como mejor libro de los leídos (Don Mario nos estaría mirando desde el Parnaso de los buenos escritores con una sonrisa bajo su bigote canoso), y como mejor tertulia la de Sputnik, mi amor.
La lectura del verano (para la tertulia de septiembre) será La vieja sirena, de José Luis Sampedro (Ediciones Destino, y en barato Ediciones Debolsillo); así nos vamos ambientando para la película de Amenábar que se estrenará por esas fechas (versa sobre la vida de Hipatia de Alejandría -no tiene nada que ver, pero creo recordar que la novela de Sampedro también transcurre por esos lares). También se determinó el siguiente (para evitar problemas logísticos): Las uvas de la ira, de John Steinbeck.
Esperamos vuestros comentarios.









sábado, 23 de mayo de 2009

El buscador encontrado

A la espera de que Mimenchu nos deleite con la reseña de la última tertulia (si tarda mucho ya lo haré yo), me he puesto a hacer pequeñas reformas en el blog (no he tirado tabiques... de momento). Se pidió en nuestra última reunión que se habilitara alguna forma de acceder directamente a las entradas de cada tertulia, sin tener que andar rebuscando en entradas antiguas (siempre hay alguna listilla a la que le encanta dar trabajo). Resulta que esa posibilidad ya existía; me explico:



  • en la "sidebar" (que no es otra cosa que la barra lateral -en nuestro caso a la derecha- donde se encuentran todos los menús) al final del todo pone "Archivo del blog";

  • hay una serie de entradas con un triangulito que apunta a la derecha , tipo PLAY del dvd;

  • si hacéis click sobre dicho triangulito, veréis que se pone mirando hacia abajo y se despliega una lista con las entradas de ese año y/o mes;

  • ya no tenéis más que hacer click sobre la entrada que queréis leer y, ¡oh milagro!, se abre; así de fácil.

No obstante, uno es obediente y se ha puesto a buscar un buscador (valga la redundancia) que facilite la tarea a los vagos, que siempre los hay. Ahora tenéis un cuadrito en blanco arriba, a la derecha, debajo del epígrafe "¿Y tú qué buscas?"; escribís la palabra que estéis buscando -en este caso una parte del título de la obra que os interese- y le dais a BUSCAR. Parece cosa de brujas, pero funciona.


Espero muchos comentarios, por lo menos de agradecimiento.


Os dejo una foto que me hicieron mientras hacía las susodichas reformas