viernes, 14 de noviembre de 2008

La elegancia del erizo

(Muriel Barbery)




Lo que pasó en la tertulia sobre La elegancia del erizo fue, cuando menos, inquietante. En un primer momento parecía que había unanimidad entre la mayoría de los asistentes en sorprenderse por el gran éxito alcanzado por la novela: salvo Manoli (que fue quien la propuso y se veía en la obligación de defenderla, y se había documentado sobre la autora, sus métodos de escritura, la gestación de la obra…) el resto de “tertuliantes” coincidió en que los personajes no eran creíbles, la estructura brillaba por su ausencia, y salieron a relucir expresiones como “tufillo moralista”, “filosofía barata” y otras lindezas por el estilo; hubo algunos tímidos intentos de defensa (entre ellos el mío, que me salté los párrafos filosóficos porque me aburrían, y en cambio el resto de la historia me divirtió, sin llegar a parecerme la novela del siglo). Pero nuestro músico Jesús, que ya nos había sorprendido con su opinión sobre Pomponio Flato, volvió a dejarnos boquiabiertos con su visión de la novela, del arte y de la vida en general, hasta el punto de que alguno de los más recalcitrantes detractores del Erizo llegó a reconocerle algún mérito a la obra. Le hemos pedido por eso a Jesús que nos haga un resumen de su intervención, que pasamos a transcribir aquí (de forma abreviada, aunque no os lo parezca):

« Intervine en la tertulia más bien tarde, bastante sorprendido de encontrar que la novela no había agradado a la mayoría de los contertulios. Mientras escuchaba estas impresiones negativas, me asaltaba interiormente la pregunta obvia: ¿por qué un libro puede producir opiniones tan opuestas?
Empecé, pues, mi intervención hablando de la subjetividad: leemos desde lo que somos, lo que sentimos, el momento concreto de nuestra vida en que abordamos un libro… La subjetividad es una buena excusa para justificar lo que encontré en una lectura intensiva de tres tardes, y que hizo que el libro me gustara.
Primero, filosofía. Ya al principio se plantea el sinsentido, el absurdo de la vida que toma cuerpo en la señora Michel, la portera. La experiencia del envejecimiento, la soledad o el temor a la muerte la llevan a “construir” en el presente, a valorar el momento, el kairos, el carpe diem. Tanto más, cuanto que parte de una infancia de privación –de afecto, de palabras, de todo- y de la experiencia traumática de su hermana, que le da su particular conciencia de clase, su rabia ante los ricos, a los que no les disculpa ni una coma mal puesta, pues lo han tenido todo mientras a ella le ha costado tanto. Con tesón, ella se ha hecho con el dominio del lenguaje y no les va a dar el placer de percibirlo, por lo que se convierte en un erizo… cuya elegancia sólo alcanzarán a conocer los que se cuelan en su vida (Manuela, Paloma, Ozu).
El segundo tema, conectado con el anterior, es el Arte. En un pasaje se dice que a veces la vida se nos antoja una comedia fantasma, y esos días es cuando uno necesita desesperadamente el Arte que lo salve del destino biológico. Sentido del absurdo de la vida y Arte como respuesta (la camelia sobre el musgo del templo japonés, la belleza de los abedules de Rusia…) Ante las naturalezas muertas del arte flamenco del XVII, se pregunta la protagonista de dónde nos viene la fascinación que sentimos ante ciertas obras de arte. Y se responde que proviene de que, en nosotros, alcanzan la certeza de una “adecuación intemporal”; identifica el arte con “una existencia sin duración, un placer sin deseo, una belleza sin voluntad (…) El Arte es la emoción sin el deseo”.
Y el tercer tema, el placer, que se saborea porque es efímero y único, que hace ver la grandeza de las cosas pequeñas, el rito del té con pastas de Renée y Manuela, la cena en casa de Ozu, las lecturas que superan “la prueba de las ciruelas claudias”, las buenas películas en casa…
Es posible que penséis que me he inventado un libro que no es. Lo que expuse en la tertulia y ahora escribo es el resultado de mi diálogo con la vida a través de este libro; me quedo con lo que me llama la atención del libro, lo que de él conecta conmigo, y a todo esto le doy coherencia… o incoherencia. No sé hacer un análisis formal del texto (lo escucho de los expertos y retengo lo que puedo), ni tampoco hablo de la credibilidad de los personajes o de la historia; tampoco me gusta el final: justo cuando entran en juego las relaciones entre los cuatro protagonistas, de golpe todo se corta de un tajo. Paloma es la menos creíble, pero su discurso tiene tanta enjundia que me hace olvidar que no es posible que una niña piense así (¡llegué a creer que la autora lo hace a propósito!)»

Gracias por tus reflexiones, Jesús, y perdón por resumirte de forma tan abrupta.
IMPORTANTE: la próxima tertulia versará sobre La tregua, de Mario Benedetti. La fecha aún está por determinar (un lunes de diciembre, seguro)

2 comentarios:

teresa lanceta dijo...

Soy del blog clubdelaesquina dedicado casi en exclusiva al video. Os he añadido a los blogs amigos-supervivientes en Alicante. Celebro vuestro empeño. Teresa

Javier Cercas Rueda dijo...

LA ELEGANCIA DEL ERIZO

La decena de familias ricas que viven en el nº 7 de la calle Grenelle de París piensan que Renée es una portera más. Eso es lo que ella pretende y no deja traslucir en sus palabras y actos visibles nada que lo desmienta. En la realidad es una autodidacta con muchas lecturas encima y con gustos culturales bien cultivados. Sólo un nuevo inquilino japonés sabrá traspasar la protección que Renée ha creado en torno a si. Paloma tiene doce años, vive en ese edificio y también tiene un secreto: es superinteligente.

La niña va suicidarse en unos meses tras prender fuego a su casa y vamos conociendo un diario donde recoge sus ideas y sus reflexiones sobre la vida. En capítulos alternos, Renée va contando cómo ha llegado a ser como es. A partir de un momento, la novela se centra en el presente, en la relación que establecen las dos protagonistas hasta el desenlace final.

La idea es original pero la novela resulta artificiosa y desesperanzada. La imagen de la portera con un cazo en la mano removiendo un guiso y con un tomo de Husserl en la otra resultaría simpática si no fuera inverosímil. Renée es un personaje difícil de creer, por muy de acuerdo que se esté en que no hay que dejarse guiar por las apariencias para juzgar a las personas. La inteligencia de Paloma parece residir en su escepticismo cínico y existencialista. Resulta desde el primer momento una listilla sabihonda que desprecia y critica cuanto la rodea, especialmente a su familia. La gran aportación de su testamento intelectual es que “la vida no tiene sentido”. Todo lo demás son corolarios. La autora quiere denunciar el elitismo cultural francés y ha relacionado para ello a dos solitarios difíciles de digerir para el lector.

Esta supuesta “revelación literaria” francesa (Bayeux, 1969) resulta pesada y de poco interés. El estilo es sobrecargado y a veces farragoso (a la altura de la gran sabiduría de las protagonistas). Su éxito (más de 800.000 ejemplares vendidos) parece debido a una tarea paciente y eficaz de encuentros múltiples con lectores. El marketing directo se demuestra más útil para vender que la literatura. Y es más fácil de hacer.