sábado 14 de enero de 2012

El abrecartas

(de Vicente Molina Foix)

Sra. Doña Setefilla Romero Sanahuja

Calle de Don Eleuterio Maisonnave, 10

Alicante.

Alicante, 14 de enero de 2012

Apreciada Setefilla (o Seta, como sé que le llamaba su familia):

Le remito esta carta a su antigua dirección alicantina en la esperanza de que, tras su jubilación, haya tenido a bien retirarse a estas tierras levantinas rebosantes de sol, de aroma a azahar, de recortes y corrupción. No sé siquiera si el abnegado (y recortado) funcionario de correos que se haga cargo de su entrega identificará la vetusta denominación de la calle en la que antaño vivió con la actual Avenida Maisonnave; confiemos en el buen hacer y recto proceder de tran probo servidor público.

Se preguntará Usted cómo, a sus noventa y pico años, continúa aún recibiendo cartas de desconocidos, máxime en estos tiempos en que el correo electrónico (vulgo “e-mail”) ha desbancado casi por completo a las obsoletas epístolas de papel y tinta. No se alarme, por favor: no se trata de un perturbado que quiera venderle a Usted alguna reliquia y/o prenda íntima de alguno de los ilustres personajes que se cruzaron en su camino.

Paso a exponerle el motivo de mi misiva: me dirijo a Usted, con todo el respeto que me merece, como portavoz de un grupo de lunáticos (en el buen sentido de la palabra, si es que acaso lo tiene) que en sus ratos de ocio se reúnen a hablar de literatura. Por ventura cayó en nuestras manos recientemente una obra de un tal Vicente Molina Foix (al que creo que Usted habrá tenido el gusto de conocer) en la que se encuentran reunidas –o tal vez simplemente imitadas de hábil manera- gran parte de las cartas que Usted cruzó a lo largo de su vida con diferentes personajes de su entorno; el tal Molina Foix también recoge (o imita, insisto) otras muchas epístolas de otros tantos individuos que pulularon por su vida o incidieron en ella de manera directa o indirecta.

Tras una lectura detenida de dicha obra, dedujimos (siempre le hablo de nuestro grupo de lunáticos) que era Usted el hilo conductor de la trama y el tronco común al que se enlazaban de una u otra forma todas las ramificaciones secundarias de ésta (disculpe que acentúe el deíctico –tilde, como sabrá, recientemente abolida por la RAE- en mi afán de remedar aunque sea remotamente su fluida y un tanto arcaizante prosa epistolar).

Seguirle la pista a lo largo de las páginas de esta obra (he omitido decirle que el autor la ha bautizado como El abrecartas) nos llenó de emoción; todos coincidimos en que su historia es la más conmovedora y la que da unidad a la compleja y magistral estructura de la novela; algunos nos atrevimos a aventurar un parecido entre Usted y otras ilustres “epénticas” del mundo de la literatura infantil o de la radio. Cierto es que nos conmovió de igual modo la figura de su primo, el escritor inédito Rafael Sanahuja, así como el retrato que hace en sus cartas de García Lorca. Nos pareció memorable la semblanza de otros tantos personajes reales y conocidos (Vicente Aleixandre, Miguel Hernández…) o no tan conocidos (el cineasta Maenza).

He de confesarle que no todo fueron alabanzas: para serle sincero, le diré que alguna crítica suscitó la dilatada extensión de la obra, así como la inclusión de los informes de Ramiro Fonseca. No obstante, este último punto fue valorado positivamente por otros, que vieron en él una manera idónea de reflejar la otra cara de la moneda, la censura franquista; del mismo modo que Usted, también este individuo nos sirve de hilo conductor, al recabar información sobre casi todos los personajes que danzan por las páginas del libro (hubo incluso quien propuso que el título, El abrecartas, pudiera hacer referencia al tal Fonseca, al tener éste acceso a la correspondencia intercambiada entre unos y otros).

Le diré por último, para no cansarla más con esta carta supongo que tan inesperada para Usted, que nos pareció a la mayoría un relato de lo más acertado de la historia de nuestro país entre la República y la transición, a base de magistrales pinceladas y de retratos de personajes reales y ficticios, célebres y anónimos, combinados con singular pericia.

Reciba Usted en su merecido retiro el más cariñoso saludo de su grupo de admiradores, siempre a su entera disposición.

El Sofá.

P.D.: ¿Es cierto el rumor que corre en los círculos intelectuales de que piensa revivir a Nora, su heroína literaria, en una nueva novela, Nora, la nueva musa de la derecha? Dada su trayectoria vital e ideológica, dudo que sea cierto: más bien se tratará de un bulo malintencionado difundido por los colectivos “antiepénticos” que siempre han intentado oscurecer su figura.

P.P.D.: Permítame recordar a los lunáticos de nuestro círculo que la novela propuesta para la próxima tertulia (probablemente el 1 de marzo) es Hoy, Júpiter, de Luis Landero.

domingo 11 de diciembre de 2011

Los enamoramientos

(de Javier Marías)

Ha pasado ya un mes desde que nos reunimos a conversar sobre Los enamoramientos, de Javier Marías. Al tener el tiempo en cierto modo limitado a una hora (muchos de nosotros queríamos acudir a la concentración en defensa de la enseñanza pública), parece como si los argumentos a favor y en contra de la novela hubieran de surgir con más rapidez y vehemencia que de costumbre. Y así fue: detractores y defensores se alternaron con agilidad en sus intervenciones, con un resultado que podríamos calificar de “empate técnico”.

A algunos, aunque fieles seguidores de Marías, les pareció la menos lograda de sus novelas; no les convenció a unos el final, a otros el que la protagonista/narradora no se plantee ningún dilema moral sobre si ha de denunciar o no lo que ha descubierto; a pesar del título de la novela, echaron de menos una justificación (o al menos una descripción) del proceso de enamoramiento: se nos ofrecen hechos consumados sin llegar a saber cómo se ha llegado a ese estado.

El estilo tan característico del autor, esa acumulación de subordinadas y de estilo indirecto llevado a su grado más elevado, provocó algunas críticas que llegaron a bautizarlo como “conjuntivitis” (Mª Ángeles dixit) por su excesivo uso de conjunciones en determinados pasajes.

Otros, por el contrario, vieron en ese ir y venir sobre una misma idea un fiel reflejo del estado obsesivo que nos provoca en ocasiones el amor: cuando alguien se enamora duda continuamente, le da vueltas al mismo pensamiento una y otra vez, no sabe si actuar de una manera o de otra… Sí que se plantearía, entonces, la protagonista el dilema moral, pero acaba resolviéndolo a favor de Javier, no sabemos si por los rescoldos de ese amor que le ha profesado o por albergar todavía dudas sobre su culpabilidad (in dubio pro reo).

Hubo quien apuntó que lo que el autor ha intentado es alejarse conscientemente de todos los patrones de las novelas románticas y policíacas que llenan las estanterías de novedades en las librerías. Así, Los Enamoramientos no quiere ser una novela de amor, porque a Marías no le interesa contarnos cómo se ha llegado al estado de enamoramiento ni describirnos sus causas y consecuencias; y no quiere ser tampoco una novela policiaca, pues aunque podría haber ahondado en la investigación del crimen y derivar la obra hacia esos derroteros no lo hace, consciente de que han sido muchos los que ya lo han hecho anteriormente. Lo que pretende ser (y para la mayoría, lo consigue) es una emocionante y profunda reflexión sobre todo lo que rodea a ese amor y a ese crimen: una cantidad enorme de temas que son desbrozados con una gran capacidad de análisis y que dejan para la memoria reflexiones bellas y certeras sobre la amistad, la envidia, la muerte, el olvido, la impunidad, la manipulación, la complicidad, etc.

También se valoró positivamente la técnica de incluir la crítica literaria dentro de la literatura: la aparición explícita de las fuentes del relato se va entretejiendo con la trama principal y va creando paralelismos entre ambas, con el tema recurrente de la muerte y sobre todo de la imposibilidad –o más bien la poca conveniencia- de regresar de esta. Así, aparecen como integrados en la novela los personajes de Balzac, Shakespeare y Dumas, y son ellos los que parecen explicar las causas de los comportamientos de María, Luisa o Javier. Incluso se utiliza una fuente lexicográfica, la curiosa definición de la palabra “envidia” en el famoso diccionario de Covarrubias, para hacer que lector dude seriamente de la inocencia de Javier, ya que en la propia definición de la palabra se nos advierte que la envidia suele anidar precisamente en el alma de los mejores amigos.

Ya veis lo que nos cundió una sola hora de tertulia: imaginaos si no llegamos a tener límite de tiempo (algunos habrían reescrito la novela, seguro).


El libro propuesto para la próxima tertulia (la primera semana a la vuelta de vacaciones de Navidad) es El abrecartas, de Vicente Molina Foix (editorial Anagrama).

miércoles 9 de noviembre de 2011

Enamorados sí, pero puntuales

Mañana jueves 10 nos reuniremos en Fresas y Chocolate a las 18:00 para charlar sobre Los enamoramientos, de Javier Marías.
Como a las 19:00 hay una concentración por la enseñanza pública (a la que seguramente muchos querremos asistir), la tertulia empezará PUNTUALMENTE a las 18:00, por lo que sería conveniente que acudiésemos unos 10 o 15 minutos antes a la cafetería para los saludos y besos de rigor. Avisados quedamos, ¿de acuerdo?

domingo 9 de octubre de 2011

Un dulce par de senos

(de Giuseppina Torregrossa)

RESEÑA DE SOCORRO:

Receta

Ingredientes:

  • Sicilia y sus tópicos.
  • Historias de familias.
  • Un poco de repostería.
  • Vidas de santos. Santa Ágata.
  • Tensas relaciones entre hombres y mujeres.
  • Sexo.
  • Pechos en abundancia.

Preparación:

Mezclar y agitar bien todos los ingredientes hasta que formen una masa sin cuajar, dividir luego en tres partes iguales y listo.

Consumir preferentemente en verano y estando de buen humor. En otras circunstancias podría resultar fatal.

Es una pena, pero este podría ser el resumen de nuestras impresiones sobre la novela de Giuseppina Torregrosa Un dulce par de senos.

Como los “ingredientes” son atractivos, todos empezamos a leer la novela con ánimo y esperanzados y la primera parte, en la que la narradora Agatina nos cuenta la historia de su familia paterna, desde sus bisabuelos, en un pueblo de Catania, a sus abuelos Ágata y Sebastiano, ya en Palermo, sus tíos, su padre… esta primera parte, digo, sin llegar al entusiasmo, no nos disgustó (aunque algún contertulio ni siquiera tuvo compasión con el principio), tal vez porque ya es en sí misma una pequeña novela. Tres son los temas de los que habla la autora y que ya aparecen en esta parte:

  • El escenario. Sicilia: Catania, Palermo, mercados, barrios, olores, colores, el mar, flores, cocina… la familia, la mafia, la religión...
  • El contexto social: la falta de consideración a la mujer casi “institucionalizada” en la isla que se deja ver en las herencias (el mayorazgo), el matrimonio (“traspaso de propiedad”, la dote), el maltrato físico.
  • El tema fundamental: las mujeres. Sus inseguridades, su dependencia del hombre, su vulnerabilidad ante la enfermedad, su miedo a perder el atractivo físico, a ser rechazadas, sustituidas o abandonadas por el hombre

El problema es que tras la primera parte no aparece la palabra “fin” y la segunda parte no es más que una repetición de los temas anteriores pero cambiando el escenario (nos vamos a un pueblo entre Palermo y Agrigento) y los personajes. Nos cuenta ahora Agatina la historia de su familia materna, desde su bisabuela Doña Assunta a sus abuelos Alfonso y Margherita (“la mujer del misterio” que nunca se aclara), sus tías Titina y Nellina, la criada Ninetta. Los hombres siguen humillando y maltratando a las mujeres, cuyo máximo deseo es casarse como sea y tener hijos, y las mujeres siguen enfermando y perdiendo sus pechos. Es como si la autora quisiera resaltar la importancia de estos temas (cáncer de mama, el machismo…) repitiendo una y otra vez los mismos esquemas de la primera parte pero de forma cada vez más exagerada. Es posible que la verosimilitud no fuera uno de sus objetivos (así al menos lo esperamos), pero este recurso de la repetición y la exageración desde luego no ayudan a que nos creamos lo que nos cuenta, más bien todo lo contrario.

Y si la novela hubiese terminado aquí, nos habríamos quedado un poco perplejos, es cierto, pero contando con la inestimable ayuda del verano y la buena disposición que siempre tenemos en época vacacional, nos habríamos olvidado pronto del libro y hasta incluso podríamos haber tenido alguna palabra simpática para él y su autora. Pero no fue así, y a la segunda parte le siguió una tercera ya absolutamente desmesurada y fuera de control. Agatina, tras estudiar medicina en Roma y comenzar a ejercer como ginecóloga, siente nostalgia y regresa a Palermo. Su padre ha fallecido y las relaciones con su madre (un tema que la autora no acaba de resolver) y sus hermanos no son buenas. Alquila la antigua casa de su añorada abuela Ágata, el personaje más logrado de la novela, y se enamora del dueño del edificio, Santino Abbasta, un mafiosillo “consorte” de poca monta. Y aquí empieza el desastre total, no solamente para Agatina, humillada y maltratada “con gusto” por Santino, sino también para nosotros, los lectores, que asistimos con estupor a algo que no tiene ningún sentido, raya con lo cómico (sin pretenderlo), con lo grosero y hace que nuestro buen humor inicial se transforme en enfado monumental, porque a los lectores nos gusta que nos tomen en serio. Siguen las repeticiones anteriores y, por supuesto, Agatina enferma y pierde, como su bisabuela y sus tías, un pecho. Y tras una serie de aventuras empresariales y amorosas que había que colocar con prisa en algún sitio, Agatina da a luz a un niño al que, como homenaje al hombre que acabó con su dignidad decide llamar Santino. Y esta vez sí, aparece la palabra fin.

Desde el punto de vista literario, la novela hace aguas por muchas partes y la tertulia no fue compasiva con ella: precipitación, las coordenadas del tiempo no aparecen claras, temas apuntados que no sabe concluir, poca eficacia del recurso, para nada ya novedoso, de mezclar literatura y cocina… Pero posiblemente una de las cosas que más nos llamó la atención es la dureza con la que se refiere a los resultados de la amputación de un pecho (“agujero”, “cráter”, mujer “mal hecha”) y la insensibilidad y el egoísmo con la que los hombres de la novela se enfrentan, sin enfrentarse, a esta enfermedad. Y es en este punto donde nos olvidamos del libro y empezamos a hablar de la vida, de cómo la pérdida de un pecho puede resultar traumática para algunas mujeres por diferentes motivos (estética, placer, autoestima) mientras que otras pueden vivir esta situación con cierta normalidad, hablamos de ese miedo latente que sentimos las mujeres antes de una consulta ginecológica, del miedo a la muerte, de la actitud de los hombres, afortunadamente muy lejos de todos los Santinos Abbasta del planeta, de los avances de la medicina, hablamos hasta de cine y televisión, y una vez más la tertulia mejoró la novela.

Y si, como dijo Virgilio, “Audaces Fortuna iuvat”, debo ser yo una persona muy “afortunada” por haber tenido la audacia, la osadía de proponeros como primera lectura del curso esta novela. ¡No me lo tengáis en cuenta! Y gracias, Josune, por tus palabras, tan animosas y tan ciertas: “Tranquila, Soco, hay que leer de todo”.

Nuestra próxima cita será con Los enamoramientos, de Javier Marías, el 3 de Noviembre. ¡Hay que darse prisa!

lunes 3 de octubre de 2011

Que la Santuzza nos proteja



Después del largo paréntesis estival, mañana martes 4 de octubre nos veremos en Fresas y chocolate a las 18:00 para hablar sobre nuestro primer libro del curso, Un dulce par de senos, de Giuseppina Torregrossa. No estaría mal endulzar la tertulia con unas cassatelle sicilianas (las tan traídas y llevadas minne de santa Ágata), pero Catania nos pilla un poco lejos, y ponernos a hacer unos 40 pasteles (recordad que hay que comerlas por pares) es de todo punto inviable. Así que nos conformaremos con la foto (¿por qué son siempre verdes? ¿no tendrían que ser blancas? ¿serán las minne de Fiona, la novia de Shrek?).

Nos vemos mañana, si la Santuzza quiere y el Etna no entra en súbita erupción.

sábado 2 de julio de 2011

La cena


(de Herman Koch)



Hace ya casi un mes que tuvo lugar la tertulia sobre La cena, de Herman Koch, pero por los agobios del final del curso no se ha podido redactar antes esta reseña. Por fin me puedo poner manos al teclado y contar un poco lo que allí hablamos , aunque con todo el tiempo que ha pasado desde entonces no sé si seré capaz de hacer un resumen más o menos fiel.
Tras un accidentado comienzo en el que fuimos dando tumbos de un lado para otro (literal, no literariamente, pues por malentendidos y horarios de verano nuestra sede habitual estaba cerrada) empezamos compartiendo nuestra impresión general de la novela. A nadie le había dejado indiferente, a todos nos había enganchado con su sentido del humor (negro en ocasiones) y su ritmo ágil.
Se trata de una obra fácil de leer, bien estructurada y con un contenido muy interesante. Ahora bien, las opiniones sobre la novela fueron de lo más dispares. A unos les pareció genial el modo en que el autor va dosificando la información, cómo nos hace ver el mundo a través de los ojos del narrador y juzgar los acontecimientos según nos los va presentando; poco a poco y por medio de pinceladas sueltas nos vamos dando cuenta del gran engaño al que nos vemos abocados y la perspectiva cambia: lo que antes nos parecía blanco, ahora se torna de lo más negro, pues lo estábamos percibiendo desde el punto de vista de una mente enferma, a través de un prisma distorsionador.
Precisamente esa es la trampa que decepcionó a muchos, la enfermedad, que como un deus ex machina surge para explicar todos los recovecos de una mente compleja y de un modo de actuar algo más que particular. La justificación que los padres hacen de una atrocidad de sus hijos se intenta explicar por la psicopatía del padre, heredada posiblemente en los genes del hijo y sorprendentemente aceptada (e incluso favorecida y alentada) por la madre, esa madre mucho más terrible que el resto de personajes, ya que ni siquiera tiene la excusa de la enfermedad, como el resto de la familia.
El político que desde el primer momento nos resulta antipático, primario y hasta bobalicón -siempre desde los ojos del narrador, recordemos- va adquiriendo según avanza la novela una dignidad que lo convierte en el personaje con más ética de entre todos ellos; su aparentemente histérica y frívola esposa resulta ser una mujer abatida por el drama moral que le ha tocado vivir. Todo lo contrario ocurre con el narrador y su supuestamente perfecta esposa, personajes que en el transcurso de la obra van adquiriendo unos tintes aterradores.
Surgieron a lo largo de la tertulia los temas de la educación de los hijos, la permisividad de la sociedad, la hipocresía, la moralidad... ¿Un padre o una madre lo son ante todo, por encima incluso de la ley? ¿Están obligados a perdonar o, aún más, a encubrir los delitos que puedan cometer sus hijos? En este punto hubo disparidad de opiniones: no es lo mismo si nuestro hijo sabe que nosotros conocemos su delito, que si lo ignora. Si lo sabe (según se dijo), la obligación moral de los padres es actuar en consecuencia y no encubrirlo; ahora bien, el dilema se plantea si el hijo no es consciente de que los padres lo saben: ¿predominará entonces el tan traído y llevado instinto maternal/paternal de protección de sus vástagos sobre la ética y la moralidad? Ahí queda abierta la pregunta.
Y nada más se me ocurre, perdón por la brevedad de la reseña, pero ya he advertido que el tiempo transcurrido iba a dificultar el relato de lo que allí hablamos.
Como cada final de curso, se votó cuál había sido la mejor tertulia del año y qué libro había gustado más; como tertulia ganadora quedó la de Mi amor desgraciado, de Lola López Mondéjar, y como mejor libro La neblina del ayer, de Leonardo Padura.
El libro propuesto para la próxima tertulia (a principios del curso que viene, allá por septiembre) es Un dulce par de senos, de Guiseppina Torregrossa (editorial Maeva).
Desde aquí os deseamos a todos un buen verano lleno de buenas lecturas.










miércoles 1 de junio de 2011

Cita para "La cena"

La tertulia sobre La cena, de Herman Koch, será este viernes 3 de junio, a las 19:00, en el café Fresas y Chocolate. Después, como cada final de temporada, nos quedaremos a cenar (los que queramos, claro) en el Calvin's, en la Plaza San Cristóbal (si no habéis confirmado vuestra asistencia, por favor, hacedlo cuanto antes a través de Josune, Mª Ángeles o Lluís).