(de Kazuo Ishiguro)
Primera reseña del curso, como siempre a cargo de nuestra incombustible Josune. Aquí la tenéis.
Comenzamos el pasado 21 de octubre nuestro curso tertuliano con una conversación interesantísima sobre Nunca me abandones, obra del Nobel Kazuo Ishiguro, escritor nacido en 1954 en Japón, pero formado en Inglaterra, adonde su familia se trasladó en 1960. La obra sorprendió a la mayoría de nosotros y provocó un contraste de opiniones a través de las cuales intentamos descubrir la propuesta esencial formulada por el autor en esta estremecedora y amarga distopía.
Durante muchas páginas ̶posiblemente demasiadas ̶ asistimos a la pormenorizada descripción de
las relaciones entre un grupo de adolescentes cuya vida transcurre en el
internado de Hailsham (Inglaterra). La narradora es Kathy H., quien, tal como
afirma al comienzo del relato, situado a finales de la década de 1990, tiene
treinta y un años y lleva más de once siendo “cuidadora”. Este último término
adquiere sentido enseguida en esta primera página al referirse a los “donantes”
de quienes se ocupa, y al mencionar “la cuarta donación”. Poco a poco iremos
acumulando suficiente información sobre estos chicos ̶ Kathy recuerda también episodios de su
infancia ̶ para comprender su
singularidad: carecen de familia, no podrán tener hijos y existen para
convertirse en donantes de órganos hasta “completar”, o sea, morir (cabe
destacar que el término “muerte” no aparece hasta bien avanzada la novela). En
el capítulo 12 se alude con claridad a
su condición de seres clonados de un original denominado “posible”. Poco
después, con absoluta crudeza, Ruth formula una inquietante revelación: «Todos lo sabemos. Se nos modela a partir de
gentuza. Drogadictos, prostitutas, borrachos, vagabundos. Y puede que
presidiarios, siempre que no sean psicópatas. De ahí es de donde venimos.»
Las personas encargadas de su
cuidado e instrucción son sus “custodios” y el centro periódicamente recibe la
visita de Madame, quien revisa las creaciones artísticas de los chicos y, al
parecer, selecciona las mejores para integrarlas en “la Galería”. Los alumnos
saben que la creatividad es clave en su formación y desarrollo, aunque ignoran
por qué. Pero Tommy, por ejemplo, sufre al sentirse inferior a sus compañeros
en ese terreno, hasta que la señorita Lucy lo tranquiliza al respecto,
restándole valor al hecho de que sea menos creativo que los demás.
Debe señalarse el concepto de
“aplazamiento”: circula el rumor de que una pareja realmente enamorada puede
solicitar que se postergue el momento del inicio de las donaciones. Posiblemente
las obras de arte creadas por ellos ayudarán a sus custodios a valorar la autenticidad
de sus sentimientos y, en función de ello, satisfacer o no su demanda.
A mi parecer, resulta demasiado extensa
la parte de la novela en la que lo narrado se centra en las relaciones entre
los personajes, sobre todo los que se convierten en protagonistas: Kathy, Ruth
y Tommy. La amistad, la inocencia, el egoísmo, los celos, el afán de
protagonismo subyacen en sus comportamientos, mostrados y descritos con
absoluto detalle. La otra objeción principal se refiere al estilo,
caracterizado por una asepsia que despoja a las palabras de una mínima calidez
e intención artística. Y es precisamente la planicie formal la que nos lleva a
preguntarnos si ese rasgo, lejos de suponer ausencia de preocupación estética, falta
de brillo en la elección del lenguaje, no revelará la voluntad por parte de
Ishiguro de utilizar la forma para incomodar,
extrañar, sorprender negativamente al lector como constructor también de esta
distopía. Hubo en la tertulia quienes se decantaron por esta interpretación y la
justificaron desde la opinión de que estos seres clonados no son plenamente
humanos, y por eso sus reacciones, reflejadas mediante una expresión tan
neutra, nos parecen nimias; igual que nos choca que ninguno se rebele ante la
crueldad de su destino. Esta resultó la cuestión más polémica de nuestro debate,
ya que para otros la completa humanidad de los protagonistas queda fuera de
toda duda.
Resulta esencial en la
comprensión de la novela el momento en
que Tommy y Kathy llegan a la casa donde supuestamente vive Madame, y allí ella
misma y la señorita Emily les explican cuanto ellos ignoran. Les aclaran que no
existen los aplazamientos y cuál es el sentido de los trabajos artísticos: «(…) pensábamos que nos permitirían ver
vuestra alma. O, para decirlo de un modo más sutil, para demostrar que teníais
alma.» A partir de aquí se van desvelando las claves de la concepción distópica y,
al responder a las incógnitas planteadas por los chicos, ambas mujeres
mencionan un mundo mucho peor del que ellos han conocido. Pienso que la narración
da un giro sorprendente en este punto y eleva la gravedad del asunto central,
puesto que, sin necesidad de detallarla, se alude a una realidad más terrible
que aquella a la que pertenecen los protagonistas y sus instructores. Es decir,
Hailsham constituye una excepción dentro del sistema, un lugar en el que un
grupo de personas se subleva frente a la crueldad de las donaciones y trata de
demostrar que esos muchachos son de verdad humanos, tienen alma, y poseen una
singularidad individual expresada a través de la creatividad y el arte.
Conviene recordar algunos datos
sobre el contexto en el que este sistema es ideado: después de la guerra, a
comienzos de los años cincuenta, los avances científicos permiten vislumbrar la
posibilidad de curar las enfermedades. Lo que le preocupaba a la gente era
salvar sus vidas y las de sus seres queridos, y las donaciones suponían un
remedio eficaz para numerosas enfermedades antes incurables. «De forma que durante mucho tiempo se os
mantuvo en la sombra, y la gente hacía todo lo posible por no pensar en vuestra
existencia. Y, si lo hacían, trataban de convencerse a sí mismos de que no
erais realmente como nosotros. De que erais menos que humanos, y por tanto no
había que preocuparse. Y así es como estaban las cosas hasta que irrumpió en
escena nuestro pequeño movimiento.» Es decir, considerar no humanos a los
seres clonados apacigua la mala conciencia de quienes se atreven a reflexionar
sobre ello.
Poco después la señorita Emily
explica en qué consistió el escándalo Morningdale, al que da nombre un
científico que llevó demasiado lejos sus investigaciones, encaminadas a ofrecer
la posibilidad de mejorar el físico y la inteligencia de los hijos. Tal
propósito hizo resurgir un miedo antiguo, el de crear seres superiores que llegarían a tener el
poder en la sociedad, de manera que el experimento se detuvo. Y relata también
que el afán reformador asumido por Hailsham fue perdiendo apoyos políticos y
sociales y el centro acabó cerrando: «El
mundo no quería que se le recordase cómo funcionaba realmente el programa de
donaciones. No quería pensar en vosotros, los alumnos, o en las condiciones en
que fuisteis traídos a este mundo. En otras palabras, queridos míos, quería que
volvierais a las sombras.»
Reconozco la dificultad que me
está suponiendo reseñar esta obra y reflejar cuanto comentamos sobre ella, y la
verdad es que no sé por qué, puesto que no ha transcurrido tanto tiempo desde
la tertulia y aquí tengo como apoyo mis notas. Tal vez hubiéramos precisado más
información sobre el espinoso tema de la ingeniería genética, o puede que no
sea solo cuestión de manejar más datos. Intuyo que saber más de lo que sabemos
no nos ahorraría el vértigo y la desazón que nos provoca la contemplación de un
mundo posible, muy avanzado en lo científico y lo tecnológico en detrimento de
lo que nos hace más humanos: la lucidez y la compasión, la consciente y serena
aceptación de nuestra naturaleza frágil, efímera y mortal.
Para ir concluyendo quiero
referirme al título de la novela, que lo es también de una canción muy
importante para Kathy. Seguramente la escena en que ella está bailando con los
ojos cerrados abrazada a una almohada y descubre a Madame, que la contempla llorosa,
es una de las más emotivas de la obra. La narradora expone lo que sentía en
esos instantes: que la canción trataba de una mujer que había tenido un hijo, a
pesar de que le habían dicho que eso no podría suceder, y lo apretaba contra su
pecho con todas sus fuerzas, temerosa de que algo pudiera separarlos. Por eso
repite «Nunca me abandones. Oh, baby,
baby… Nunca me abandones…» En el encuentro final, Madame, que recuerda
perfectamente la escena, le revela a Kathy el motivo de sus lágrimas: «Cuando te vi bailando aquella tarde, vi
también algo más. Vi un mundo nuevo que se avecinaba velozmente. Más
científico, más eficiente. Sí. Con más curas para las antiguas enfermedades.
Muy bien. Pero más duro. Más cruel. Y veía a una niña, con los ojos muy
cerrados, que apretaba contra su pecho el viejo mundo amable, el suyo, un mundo
que ella, en el fondo de su corazón, sabía que no podía durar, y lo estrechaba
con fuerza y le rogaba que nunca, nunca la abandonara. Eso es lo que yo vi. No
te vi realmente a ti, ni lo que estabas haciendo. Pero te vi y se me rompió el
corazón. Y jamás lo he olvidado.»
Creo que a Madame se le rompió el
corazón porque a través de Kathy se vio a sí misma aferrándose a ese viejo
mundo más amable que se está extinguiendo, y creo también que estos chicos ̶ “pobres criaturas”, en palabras de la
atribulada mujer ̶ son humanos. Utilizados vilmente, degradados a meros
instrumentos al servicio de la buena salud de otros, condenados a una
existencia custodiada, dirigida, acotada, carente de auténtica libertad y
cercenada en sus expectativas, sí, pero humanos. Sienten, padecen, sueñan,
experimentan ira y frustración, recuerdan,
aman, poco a poco despedazados y finalmente mueren.
Sin embargo, el sol sale todos
los días, las danas se esfuman, los charcos se se
can, la voluntad de muchos brazos
aparta el barro, la luz de la mañana lo ilumina todo: la devastación, la
cobardía, la irresponsabilidad, igual que la colaboración desinteresada, la
generosidad, la compasión, la conciencia doliente de que ese horror pudo
habernos caído encima a otros… El sol sale todos los días, también para Kathy,
quien, en la escena final de la novela, se permite la pequeña fantasía de que
su amigo Tommy, aunque haya muerto, no la ha abandonado, y con su recuerdo, al
volante de su coche y dueña de sí misma, se encamina a su incierto destino. Quiero
pensar que tal vez no se halle lejos el momento en que ella pueda
comenzar a salir para siempre de las
sombras.
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