Siempre es un auténtico lujo
contar en nuestras tertulias con la presencia de autores que nos hablen de sus
obras. Ya en otras ocasiones hemos disfrutado de la compañía de Luis Leante, de nuestra querida Josune Intxauspe (en su faceta de
novelista) o de Lola López Mondéjar. En nuestra última cita tuvimos el placer de
contar con Fernando Villamía, que
nos hechizó con sus palabras al igual que antes lo había hecho con su novela El cuento de la vida.

Pese a esa supuesta y reconocida
incomodidad con el formato novelístico, Villamía nos conduce de forma magistral
a lo largo de las páginas de su obra sin que en ningún momento decaiga el
interés. Los relatos de los trabajadores de la Fundación Gnosis, aunque pudiera
parecer que ralentizan el transcurrir de la trama, incitan al lector a esperar
qué va a narrar el siguiente, como si de una moderna Sherezade se tratara.
Nos contó el autor cómo surgió la
idea de la novela durante un viaje a Noruega, cuando conoció la existencia de
los Lebensborn, las “granjas
reproductoras” de la raza aria, e investigó en las consecuencias que estos
experimentos de eugenesia tuvieron en la población y en las desdichadas vidas
de los miles de niños y niñas que dejó tras de sí esta demencial práctica. A
este respecto se han escrito numerosas obras y filmado algunas películas, entre
las que podemos destacar la producción germano-noruega de 2012 Dos vidas, basada en una novela de la
escritora alemana Hannelore Hippe.
El tema del ocultismo, tan
presente en la obra, parece ser que realmente obsesionó a los altos mandos
nazis, quizás por sentirse ellos también de algún modo tocados por la
divinidad. Villamía afirmó que, tras la rigurosa labor de documentación que
tuvo que realizar para poder hablar de este mundo, también él llegó a estar
interesado en este universo mágico, aunque no hasta el punto de fundar el Museo
del Quizás que aparece en su novela.
También nos confesó que, tras una
relectura de su propia obra, quedan detalles que no acaban de gustarle, como el
hecho de que haya una sola voz narrativa y que todos los personajes, pese a sus
variadas características y orígenes, se expresen con un mismo tono, un mismo
estilo (el del autor, en definitiva). Lo que el propio autor considera un
defecto nosotros lo vimos como una opción literaria, tan válida como la de
adoptar diferentes tonos.

De nuevo aprovechamos la ocasión
para agradecer a Fernando Villamía su presencia en nuestra tertulia y para
felicitarlo por su buen hacer novelístico, al tiempo que esperamos con ansiedad
la publicación de sus nuevas creaciones literarias.
La próxima tertulia, el 28 de marzo, se centrará en La ley del menor, de Ian McEwan. Hasta entonces, ¡feliz lectura!